Una verdadera fiesta viven miles de aficionados al Tenis de todo el mundo que se reúnen para el torneo Abierto de Miami, que es realizado en las canchas del complejo Crandon Park, en Cayo Vizcaíno, Florida.
Una mezcla de glamour, autos de lujo, sushi y burbujeante champán, mucho sol y playa convierten a este torneo anual en una auténtica extravaganza llena de excentricidades y fervor deportivo.
Por los pasillos no es raro encontrarse con los mejores jugadores del mundo como el serbio Novak Djokovic, número uno del mundo, o el español Rafael Nadal, quinto en las listas de la Asociación de Tenistas Profesionales (ATP).
“Esta es una de las cosas por las que me gusta venir, porque puedes tener acceso a los jugadores si llegas temprano”, dijo Julia Mata, una aficionada colombiana de 42 años que desde hace cuatro años visita el torneo.
Como en todo evento deportivo, el alimento que suele saciar el apetito de los fanáticos es un “perro caliente” y un refresco de cola. Pero no en el Abierto de Miami, si bien se puede encontrar el típico “hotdog” o la hamburguesa, uno de los alimentos que llama la atención aquí es el sushi, acompañado por un burbujeante champán.
Pero no sólo eso, también se pueden encontrar cocteles de vodka preparados en lujosas carpas blancas con aire acondicionado y asientos de piel blancos, en donde los aficionados observan los juegos en pantallas, alejados de las altas temperaturas comunes en la zona.
Como parte de los eventos poco comunes, los jugadores Treat Huey y Max Mirnyi, que apenas en febrero ganaron el título de dobles del Abierto Mexicano en Acapulco (Guerrero), participaron en una demostración de mixiología. Ambos llegaron a la carpa del vodka Grey Goose para preparar un coctel con el francés Guillaume Jubien, embajador de la marca Grey Goose.
Una de las novedades es una carpa gigante de “El Sabor de Miami”, con una propuesta gastronómica que cuenta con platos de algunos de los chef locales más reconocidos como el argentino-estadounidense Michelle Bernstein, y el experto en ceviche Sam Gorenstein.
El postre lo trae el stand de Ben & Jerry’s con sus inusuales combinaciones de sabores. Estas son sólo algunas de las excentricidades del Abierto de Miami, un torneo que según sus organizadores no se compara a ningún otro por su glamour, ubicación y fervor.
Adam Barrett, director del torneo, destacó “la diversidad del público que asiste, así como su energía y entusiasmo”. En un recorrido por los atestados pasillos del Parque Crandon se puede encontrar sobre todo una gran cantidad de público latino, entre ellos argentinos, venezolanos, colombianos, peruanos, ecuatorianos, chilenos y mexicanos.
“Es mi primera vez aquí, pero este torneo no se compara con ningún otro”, dijo a Eduardo Ortiz, quien viajó desde Mexicali, México, para estar en el torneo y quien el año pasado estuvo en el torneo de Indian Wells que se jugó hace un par de semanas en California.
Este año se espera que asistan 300 mil fanáticos a Cayo Vizcaíno durante las dos semanas que dura el torneo (del 20 de marzo al 3 de abril) y que buscan ser mimados con lujos, muchos sólo acuden por el Tenis y otros simplemente no tienen el presupuesto para derrochar en experiencias tan elegantes.
El torneo Abierto de Miami es considerado uno de los más importantes fuera de los cuatro Grand Slams que son Australia, Wimbledon (Reino Unido), Roland Garros (París-Francia) y el Abierto de Estados Unidos en Nueva York.
Fue inaugurado hace 31 años en Delray Beach, pasó por Boca West y finalmente quedó instalado en la isla de Cayo Vizcaíno en 1987. En la actual edición participan 96 de los mejores tenistas de las ramas masculina y femenina, además de los duelos de dobles.
Las entradas para los pases diarios arrancan en 31 dólares y suben a medida que avance la competencia.












