Atlético de Madrid golea en la Liga de Campeones

Madrid * EFE. El Atlético vivió su noche más feliz en muchos anos. Una jornada estival que será recordada para siempre por su afición. La noche en la que retornó a la elite internacional de la mejor de las maneras, con una goleada al Schalke en un encuentro vibrante, tenso, propio de la Liga de Campeones.

Once anos y cinco meses habían transcurrido desde que el Atlético no se veía en una cita como ésta. Los rojiblancos tenían ante sí la misión de escribir la página más brillante de su historia reciente, la misma que le ha escatimado triunfos y alegrías, la que le llevó a Segunda División después de una intervención judicial.

El Atlético tiraba de raza y, a base de ella, fabricó el primer tanto. Después de que Maxi avisase con un tiro lejano al poco de comenzar el duelo, y de que el propio argentino estuviese a punto de anotar tras un pase de la muerte del checo Tomas Ujfalusi. Al rato, llegó el tanto del Kun Agüero, que provocó el delirio del Calderón.

El colombiano Luis Amaranto Perea, que en la jugada precedente había asistido a Diego Forlán para que éste estuviese al borde de la diana (su disparo fue despejado en la línea de gol por un defensor alemán), volvió a servir otro centro, esta vez a Agüero, que de cabeza puso el 1-0.

Era el minuto 19 y el Calderón se volvió loco gracias a su mejor valor: El argentino Agüero, que regresó el domingo de Pekín después de ganar la medalla de oro con su selección y no escatimó esfuerzos en busca del objetivo.

Salió el Atlético en el segundo acto a por el encuentro, y en el minuto 50, Forlán tradujo las ganas en gol. De nuevo el Kun, el mejor del partido, fue protagonista. El argentino robó un balón al borde del área de los alemanes y lo cedió a Forlán. El uruguayo completó la obra al irse de dos defensores y marcar de disparo cruzado.

2-0 y 40 minutos por delante. El Atlético estaba en Liga de campeones. El sueno estaba más cerca, pero quedaba mucha tarea y mucha tensión. Los nervios estaban a flor de piel, porque al Schalke no le quedaba otra que buscar un tanto salvador y cerca estuvo de lograrlo. Un tanto del rival estropeaba todo el trabajo y la fiesta local, y los últimos minutos fueron eternos para la grada.

Pudo Westermann echar el jarro de agua helada en el minuto 68, pero sólo estrelló el balón en el cuerpo de Leo Franco. Un suspiro de alivio atravesó un Calderón herido de pánico.

Quedaban 20 minutos y el Atlético sólo pensaba en resguardar su meta, en dejar pasar los minutos. Jugaban los rojiblancos con fuego y con el corazón de la afición, que premió a Maniche, indultado por Aguirre para el compromiso, con una sonora ovación cuando fue sustituido por Assuncao. El portugués se la ganó tras un buen partido.

El brasileno Rafinha, que también estuvo en los Juegos con su selección, dio aire fresco a su equipo en los minutos finales e hizo sufrir a la retaguardia del Atlético.

Cada minuto era una vida, ya con los locales cegados por conservar el tanteador, sin posesión y abocados a la tensión. Pero apareció de nuevo el Kun, en el mejor de los momentos, para exhibir el genio que lleva dentro. Jugada y pase a Luis García y 3-0. Misión cumplida. El Atlético tocaba el cielo. Pero quedaba más. Maxi hizo el cuarto de pénalti e inundó de alegría el recinto. Se abre para el Atlético un futuro esperanzador.