Barcelona * EFE. El Barcelona levantó su séptima Supercopa de Espana a ritmo de rondo frente a un Espanyol vencido desde el inicio, incapaz de plantar cara a la avalancha inicial del conjunto azulgrana.
En el partido de ida (0-1), el Barcelona ya había pasado por encima de su rival ciudadano en la segunda parte, y el encuentro de vuelta vino a confirmar las sensaciones. La diferencia entre ambos equipos quedó patente sobre el césped del Camp Nou y se multiplicó a raíz de la impugnación del partido de ida por parte del Espanyol, recibida en el equipo azulgrana como una motivación anadida para el partido, dominado de principio a fin por los de Frank Rijkaard.
Por si quedaban dudas, el Barcelona desbrozó el partido a las primeras de cambio. Enchufado desde el pitido inicial, ansioso por olvidar cuanto antes el Mundial de Alemania para reencontrarse con el calor del Camp Nou, Ronaldinho abrió fuego en el tercer minuto. Encaró a Sergio Sánchez, un central convertido a lateral derecho, y colocó un balón en la cabeza de Xavi Hernández.
El remate del centrocampista sólo admitía el gol como respuesta, tan sólo como se encontró a la hora de conectar la pelota hacia la red ante la mirada de Zabaleta.
Cuando el Espanyol aún buscaba su hoja de ruta, el Barcelona se anotó el segundo gol. Casi invitado por su rival, el equipo de Rijkaard hizo de las suyas, triangulando con precisión: Xavi habilitó a Belletti con una pared muy precisa y el brasileno alcanzó la línea de fondo para tirar el pase de la muerte hacia Deco, que sólo tuvo que concluir la jugada. Lo hubiera podido hacer Xavi o Eto'o, también llegados en la incorporación ante la pasividad de la defensa del Espanyol.
Desfigurado el Espanyol, el Barcelona fue un equipo reconocible, fiel a su patrón de juego. Funcionó con solvencia a las órdenes de Xavi, sostenido por Deco y entregado a la fantasía de Ronaldinho y Messi, reconciliados ambos con el juego imaginativo después de su discreto Mundial.
Resuelto el torneo, Rijkaard dio entrada a Gudjohnsen y Thuram en sustitución de Eto'o y Márquez para hacerles debutar en el Camp Nou ante el jolgorio de la grada, que festejó a lo grande el tercer gol de su equipo, un espectacular remate de tijera a cargo de Deco. Volvió Belletti a recorrer sin demasiada oposición su banda para colgar un balón al área chica de Kameni, y volvió a aparecer Deco, que enganchó la pelota al vuelo para recibir la ovación de la hinchada.
El tercer gol cerró definitivamente el partido para alivio del Espanyol, impotente desde el calentamiento hasta el pitido final. El Barca, en cambio, se fue tan feliz a la ducha.











