El FC Barcelona ha culminado una remontada histórica este miércoles ante el París Saint-Germain (6-1) en el Camp Nou dando la vuelta prácticamente sobre la bocina al 4-0 de la ida y superando el bajón del gol de Cavani que parecía enviar la remontada al traste, pero con una fe inquebrantable y tirando de épica marcó tres goles en apenas siete minutos para estar en los cuartos y festejarlo como si se hubiera ganado ya esta Liga de Campeones.
Dos goles de Neymar al final del partido dejaban al Barça a un tanto de entrar en la historia, y la gesta la culminó un Sergi Roberto, que entró de refresco y marcó el gol de su vida. La hazaña era difícil, pues nunca antes en 58 ocasiones previas, según UEFA, alguien había conseguido remontar un 4-0 adverso de la ida en eliminatorias de competiciones europeas.
Antes del descanso, el Barça tenía el trabajo hecho a medias con un 2-0 con el que se permitió soñar y en el que ganó la fe necesaria para sobreponerse a Cavani, que no faltó a su cita con el gol, y aunarse con un Camp Nou de bandera en busca de tres goles más que les meten en cuartos.
Goles de pénalti de Messi y de Neymar, de falta directa que fue obra maestra con la que repitió Neymar, otro de pillo de Luis Suárez, otro en propia y el gol final de Sergi Roberto estirándose en el aire a lo Johan Cruyff para rematar el último centro de Neymar. Era la última jugada; era morir en la orilla o provocar una histeria y locura colectiva en el Camp Nou, y se dio lo segundo.
Como era de esperar el Barça salió con el 3-4-3 que ha dado un vuelco a la situación del equipo, permitiéndole ganar todos los partidos desde el 4-0 de la ida en el Parc des Princes y, además, con goleadas esperanzadoras ante Real Sporting de Gijón (6-1) y Celta de Vigo (5-0). El PSG, lejos de intentar buscar un gol, salió acongojado, muy retrasado, incluso metiendo a los extremos del 4-3-3 como laterales en defensa.
Pese al riesgo que suponía defender con ese muy adelantado 3-4-3, pues esta vez en defensa no hubo mutación al 4-4-2, y pese a marcar prácticamente al hombre a los galos cuando estos recuperaban el balón, el Barça estuvo tácticamente idóneo y preciso. Hizo lo que tenía que hacer, sin dudar, y con una intensidad que el PSG no pudo compensar.
El gol llegó en una jugada aislada y acabaron pagándolo. El Barça no dejó de creer y su fe les dio el billete a los cuartos. Tras el descanso, con el Barça a mitad de camino de hacer historia, se repitió la historia y el Barça se encontró con el tempranero gol de Leo Messi, de pénalti cometido sobre Neymar muy discutido por el PSG y que señaló el juez de fondo. Un gol que avivó todavía más los ánimos y que provocó el cambio táctico de Unai Emery, que envió a los suyos a presionar y surgió efecto. La defensa de 3 del Barça empezó a sufrir más, con las líneas altas del PSG.
Avisó Cavani con un tiro al palo en una contra y, en una acción a jugada parada, le cayó un balón largo a Kurzawa, que peinó de cabeza atrás y Cavani hizo de Edinson Cavani; vio el balón, se preparó una volea con el exterior del pie derecho y fulminó a Ter Stegen, sin opción para el alemán. Y ahí, en el minuto 62, se acabó el sueño del Barça de culminar una remontada histórica que se habían trabajado y casi conquistado. Ese gol hizo daño, y tuvo otro Cavani, aunque el mano a mano lo ganó Ter Stegen.
Pero buscó el cuarto el equipo catalán con mucha presencia de Arda Turan, fresco. Aunque el 3-2 sobrevolaba el Camp Nou, con las contras rápidas del PSG, el Barça no le dio la espalda al partido e intentó cerrar este choque de vuelta con una victoria más holgada con la que premiarse a sí mismos por el esfuerzo realizado.
En el minuto 88 llegó ese cuarto gol, que dio pie al quinto y, ya con la magia en liza, el sexto y definitivo. Una gesta como esta se ha visto pocas veces en Barcelona.












