"Alemania * EFE. Doce estadios y otras tantas ciudades acogerán el regreso de Alemania, tres décadas después, como anfitriona de un Mundial de futbol. El evento, que recorrerá con sus sedes buena parte de la geografía del Estado más poblado de la Unión Europea, es una buena oportunidad para descubrir los muchos atractivos de este gran país, que ha hecho de la hospitalidad su lema para este Campeonato.
La primera sede
Por carga simbólica, aforo -74.500 espectadores, el mayor del evento- y por los partidos que allí se disputarán será Berlín. Su Olympiastadium, que además de la final acogerá cuatro encuentros de primera ronda y uno de cuartos, se reinauguró en julio de 2004 tras una remodelación de cuatro anos de duración.
En ella se optó por mantener la vieja estructura de estética nazi -una grada en forma de ""C"" coronada por dos imponentes columnas, la Puerta de Maratón- construida para los Juegos de 1936 bajo instrucciones directas de Hitler.
La idea de levantar otro estadio se desechó, más que por razones económicas -la reforma, una de las más costosas, ascendió a 242 millones de euros, unos 288 millones de dólares-, por el deseo de no ocultar los aspectos más oscuros de la historia alemana, en un acto de reconciliación con el pasado.
Quizás en un guino del destino a esa idea de no enterrar el pasado para no repetirlo, los trabajos depararon el hallazgo, en enero de 2002, de una bomba de la II Guerra Mundial que había permanecido sepultada más de medio siglo bajo una tribuna. El artefacto fue, huelga decirlo, desactivado sin mayores problemas.
La remodelación ha supuesto, entre otras mejoras, la renovación de todas las gradas y cimientos, incluyendo la demolición y posterior reconstrucción de la tribuna inferior, con una pendiente más inclinada para mejorar la visibilidad. Además, se rebajó la altura del terreno de juego, se instalaron dos pantallas gigantes y, en el subsuelo, se habilitó una sala de calentamiento con una pista de 100 metros y un foso de arena.
Pero lo más grandioso es la cubierta transparente, suspendida a 40 metros del césped: 37.000 metros cuadrados de acero y cristal que protegen a todos los espectadores -antes sólo había 27.000 plazas techadas- de los avatares meteorológicos.
Menos aparatosa es la pista del Atletismo, que ha cambiado, eso sí, el tradicional color rojo por el azul en honor al Hertha Berlín, único equipo local que milita en la Primera División alemana, la Bundesliga.
Después de la caída
del muro de Berlín
Diecisiete anos después de la caída del muro, y una vez concluida la recuperación de la capitalidad que tras la guerra y hasta 1999 mantuvo Bonn, Berlín (primera ciudad del país: 3,47 millones de habitantes) quiere ser el escaparate de la nueva Alemania reunificada; no en vano, el Olympiastadium acogerá, el 7 de junio, la ceremonia inaugural del Mundial, con la hospitalidad germana como lema.
Aunque el panorama de Alemania, en general, y el de su capital, en particular, no es en absoluto idílico-en 2004, ocupaba el puesto 47 en una encuesta de la revista ""WirtschaftsWoche"" sobre calidad de vida en las 50 mayores ciudades del país-, nadie discute que la metrópoli prusiana es un lugar fascinante para el visitante.
Sobran atractivos: 170 museos, más de 7.000 bares y restaurantes, y un centro urbano que conjuga una inusual mezcla de historia y futurismo, a caballo entre el conjunto monumental del antiguo sector Este, el nuevo barrio gubernamental de Tiergarten y la innovadora Potsdamer Platz, obra del genovés Renzo Piano.
A ello se suma una vibrante actividad cultural, fruto, quizás, del vigorizante aire capitalino, el ""berliner luft"". La desaparición, en 2004, del ""Love Parade"", aquel tumultuoso desfile ""tecno"" que se convirtió en emblema de la modernidad berlinesa, no ha mermado un ápice la condición de la ciudad como faro de la vanguardia europea.
"











