A más de medio siglo de distancia, sus goles y hazañas aún resuenan en los campos de Futbol chiapanecos. Es Romeo Gamboa Gutiérrez, mejor conocido como “El Capagato”, ídolo de la época de oro del Futbol chiapaneco, orgullo del barrio de San Roque de Tuxtla Gutiérrez y estandarte del equipo Santa Fe.
A sus casi 75 años de edad, Romeo habló con “Cuarto Poder” sobre su larga trayectoria, la cual comenzó en 1959 con el club Montecristo, para de ahí pasar a las filas de la Prevo y en 1964 formar parte del equipo de sus amores, el Santa Fe, con el que jugó hasta 1980.
“He portado la playera del Santa Fe por 30 años, no siempre como centro delantero; inicié como centro delantero y muchos años fui campeón goleador del estado”, relata. “Nunca me consideré un ídolo; afortunadamente, la gente de San Roque así me consideraba. Yo me consideraba un jugador mejor que los demás, sí, pero ídolo, yo no. La gente me estimaba porque era mi barrio, y cuando inicié mis aspiraciones eran otras como jugar en el profesional”.
En el año de 1966, con tan solo 20 de años de edad y en una época en la que no existían las estructuras de fuerzas básicas para formar jugadores profesionales, su talento lo llevó a ser detectado por gente de Veracruz, aunque no fue sino hasta un par de años después cuando emigró al club de Aguadulce, por recomendación de Armando Cundapí, “La Micra”. “Este equipo era semiprofesional y les decían así porque eran pagados por Pemex. Lógicamente, nosotros estábamos en nómina de Pemex y jugábamos solamente Futbol”, contó.
Tras militar en las filas del conjunto jarocho por más de un año, una lesión en la rodilla le impidió renovar su contrato, por lo que regresó a Tuxtla Gutiérrez, donde pronto le llegó otra oportunidad para irse a jugar a Torreón, en 1970. “Me fui para allá, pero en mayo empezó el Mundial del 70 y nos dieron vacaciones a todos; no había altas y bajas ni nada de eso, y luego iban a recontratar otra vez después del Mundial, pero estuve entrenando con el equipo y por el Mundial nos dieron vacaciones y ya no regresé”, relató.
Con 29 años de edad, recuerda que todavía Benito Pardo lo recomendó para jugar con el Atlético Español de la primera división, y aunque los directivos le vieron talento, consideraron que le tomaría meses adaptarse al ritmo de juego profesional, por lo que la opción ya no se concretó. “En verdad, los directivos me hablaron claro, que no tenía la edad para el profesionalismo, para iniciar en el Futbol profesional por mi edad”, señaló.
A nivel amateur, además de jugar con el Santa Fe, Romeo estuvo un breve tiempo con el Junior de “Tavo” Cundapí, bajo el patrocinio del gerente de la Volkswagen, Alfredo Zacarías, y ahí jugó con “El Italiano” Costanzo, además de militar en el Club Municipal.
“Tuve muchas anécdotas, y una que recuerdo, que para mí es bastante satisfactoria, fue cuando le metí gol a Miguel Marín, y él me mandó a llamar a través de don Toño Pariente y me dijo que nunca había visto a un jugador como yo, porque cayendo le anoté al gol. Ese partido lo jugué supuestamente con la selección Tuxtla, pero fue un combinado que lo formaron directivos del Club Campestre, quienes fueron los que trajeron a Tuxtla al Cruz Azul, y este partido lo jugamos en el Reyna”.
Como seleccionado por Chiapas, Romeo encabezó al equipo campeón nacional del Injuve en 1973, y todavía un par de años después se animó a irse a jugar a El Salvador, en la época de la guerrilla.
“El Capagato”
Romeo también habló de su apodo, el cual tiene desde que era niño, cuando jugaba con sus amigos en la plazuela del barrio de San Roque.
“Una ocasión, desafortunadamente no había balón, entonces nos fuimos arriba donde está la iglesia y ahí estábamos todos los chamacos, y en eso pasaba un gato y entonces dijeron ‘a ver quién lo agarra’, y empezamos a corretear al gato y yo lo agarré y empezaron a decir ‘ahora, que lo cape’. Por eso me pusieron ‘Capagato’, pero la fue la ‘plebe’ de San Roque la que me puso ese apodo”.
De igual forma, compartió su sentir sobre la actual época del Futbol profesional, en la que ve a las nuevas generaciones lejos del principio de ser buenos deportistas y pensando primero en el dinero que puedan pagarles por sus goles. “Siempre se están cambiando de equipos, como los políticos que se cambian de partido de partido, o porque les pagan más o porque les dan uniformes nuevos, o que les van a dar 100 pesos por partido o porque les van a invitar algo. Yo no veo a una persona que quiera a su deporte”, lamentó.
Además de muchas anécdotas, reconoció, el balompié le dejo alegrías como haber jugado fuera de Chiapas, así como sinsabores propios de quienes no paran de patear un balón. “El Futbol me dejó muchas cosas, sobre todo las rodillas malas”, bromeó.












