Chávez al Salón de la Fama

"México, D.F. * Agencias. En una nación en la que el boxeo tiene una rica tradición y los grandes campeones son reverenciados, Julio César Chávez claramente se destaca por encima de todos como el peleador supremo en la historia de México.

Chávez, quien entró al Salón Internacional de la Fama este domingo, fue el primer peleador mexicano en transformarse en campeón en tres divisiones diferentes. Su larga carrera, que incluye más de cien victorias, es el tipo de carrera asociada con los peleadores longevos de antaño.

Hubo peleadores más rápidos que Chávez, boxeadores más vistosos y pegadores de un solo golpe con mayor potencia, pero él los superó a todos hasta que, en medio del inevitable declive de finales de su carrera, perdió en una sorprendente pelea ante un talentoso e inspirado Frankie Randall en 1994.

Cuatro de las seis derrotas de Chávez (dos de ellas ante el súper estelar Oscar De La Hoya) llegaron en sus últimas 17 peleas. Él vengó tres de esas derrotas en revanchas.

En su mejor momento, Chávez era una máquina de pelear casi perfecta. Él era un agresor imparable que pegaba duro y rápido, y parecía no cansarse nunca. Si Chávez recibía un golpe duro él lo desestimaba luego, tal como lo mostró tras aquel duro derechazo recibido de parte de Roger Mayweather (una especie de Thomas Hearns de los pesos más chicos) en su combate de 1985.

No, diría luego Chávez. Mayweather no lo había lastimado. ""Tengo demasiada quijada"", diría luego el azteca.

Demasiada quijada y demasiado de todo para los oponentes que lo enfrentaron.

El nocaut técnico en dos asaltos de Chávez sobre Mayweather marcó su debut televisivo en Estados Unidos en la cadena CBS, en una época en la que los combates vespertinos en días domingo eran algo usual en la televisión abierta, pero su talento había sido notado por los conocedores del boxeo al menos dos años antes. ""Chávez, con apenas 19 años, mostró una ferocidad animal y una temible potencia en su pegada"", dijo Richard Hoffer en el periódico Los Ángeles Times luego de que Chávez destruyera a un boxeador llamado Romero Sandoval en dos rounds en un combate en el viejo Olympic Auditorium en junio de 1983.

La consistencia iba a transformarse en la clave de Chávez. Él simplemente siguió ganando, capturando su primer campeonato en las 130 libras en 1984 y luego ganando títulos en 135 y 140 libras. Un intento de lograr un cuarto título falló cuando él fue considerado lo suficientemente afortunado como para escapar con un empate ante el campeón de Peso Welter, Pernell Whitaker, en el Alamodome de San Antonio en 1983.

Y aún así, si la marca de la grandeza de un peleador es su capacidad de ganar peleas grandes ante oponentes considerados de su misma estatura, Chávez pasó ese examen con dramáticas victorias sobre Edwin Rosario y Meldrick Taylor.

Cuando Chávez enfrentó a Rosario, campeón de peso ligero, al aire libre en el Hilton Hotel de Las Vegas el 21 de noviembre de 1987, aquella fue considerada básicamente una pelea pareja. Chávez era un ligero favorito por 7-5 en los casinos de apuestas deportivas en Las Vegas, pero siete de 14 reporteros entrevistados por USA Today eligieron al supuestamente más grande y fuerte Rosario para ganar, y seis de ellos pensaron que sería por nocaut. Sin embargo, el muy esperado choque terminó siendo totalmente unilateral, con Chávez desgastando a Rosario y castigándolo severamente antes de que el rincón del boxeador puertorriqueño lanzara la toalla en el 11er round.

""El niño bonito de Culiacán (por su rostro de niño, no por su estilo) tiene todos los ingredientes para ser un gran peleador"", dijo el veterano periodista de boxeo Jack Fiske en el San Francisco Chronicle.

Sobre el final, el ojo izquierdo de Rosario quedó cerrado, él fue cortado sobre el ojo derecho, y la sangre emanaba de su boca. Ésta podría haber sido una de las actuaciones más magistrales de Chávez. Todos sabían que Chávez era un peleador duro, pero él mostró habilidad en su dominio sobre un campeón que pegaba muy duro. ""Chávez probó que es un excelente boxeador al hacer que Rosario erre continuamente al escapar por debajo de sus golpes"", notó el longevo reportero Royce Feour en el periódico Las Vegas Review-Journal.

Fue esta actuación la que estableció a Chávez como un peleador especial en las mentes del público de boxeo estadounidense. ""El rostro ensangrentado y magullado de Rosario fue la prueba gráfica de que ahora habrá que prestarle mucha atención a Chávez"", escribió Phil Berger en el periódico New York Times.

Chávez enfrentó otro gran desafío en lo que básicamente fue visto como una pelea pareja cuando enfrentó al invicto medallista dorado olímpico Meldrick Taylor, en un choque entre campeones de Peso Welter Junior el 7 de marzo de 1990. Ésta, obviamente, fue la famosa pelea que Chávez ganó con apenas dos segundos en el reloj para terminar el último round. Chávez estaba abajo en puntos, pero el réferi Richard Steele, que no estaba al tanto de los puntajes de los jueces, decidió que Taylor no estaba listo para continuar.

La controversia continuó durante años. Taylor se puso de pie después de un derechazo que lo envió a las lonas en los momentos finales, pero él era ya un boxeador derrotado y ensangrentado. A pesar de que Taylor estaba a dos segundos de terminar con la victoria, según dice la discusión, un solo golpe más de Chávez le hubiese causado un daño permanente. ""Mi primera respuesta fue que Steele había hecho algo incorrecto"", escribió el experimentado reportero Stan Hochman en el diario de la ciudad natal de Taylor, el Philadelphia Daily News. ""Cuando escuché que una radiografía mostraba un hueso roto cerca del ojo izquierdo de Taylor, y que algunas pruebas demostraron un estado de deshidratación que lo mantuvo en el hospital durante toda la noche, y que también tuvo un coágulo de sangre en la zona de los riñones, pensé que quizás Steele había hecho lo correcto.""

A pesar de que Chávez anotó muchos triunfos sobre oponentes valiosos que incluyeron un gran número de campeones mundiales, él es más recordado probablemente por aquella controvertida y sin duda excepcional victoria ante Taylor.

Los aficionados mexicanos adoraban a Chávez, y las razones son muchas. Pero al destilar ese sentimiento veremos que es más cierto decir que fue amado por ser un peleador que, durante muchos años, lo dio todo, que entró en el ring con una tremenda condición y que derrotó a todos los que se pusieron frente a él, un peleador que fue confiable y determinado. Hubo un atisbo de renuncia en su revancha con Randall luego de que Chávez fue cortado en un choque de cabezas, y él nunca respondió a la campana por el noveno asalto de su revancha con De La Hoya (a pesar de que Chávez diría luego que su rincón había detenido el combate). Pero él ya había dado mucho de sí mismo en muchas peleas, y esto era apenas una mancha menor en un récord maravilloso, y su derrota por abandono ante De La Hoya fue una caída honrosa: ""Chávez había mostrado su valor y le había dado ya a los presentes y a los televidentes un espectáculo digno del dinero que pagaron.""

En un contexto histórico, Chávez podría, nos imaginamos, haber sido enfrentado ante los grandes peleadores entre las 130 y 140 libras y haber peleado con distinción ante los mejores. Su lugar en el Salón de la Fama es muy bien ganado.

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