Ruda e incansable guerrera del ring, Cheyenne es una orgullosa mujer luchadora que ha triunfando en Guatemala y que hoy libra su más dura batalla por una grave lesión que la tiene hospitalizada.
Aunque reconoce que a veces el ánimo decae por el momento que atraviesa, recupera la alegría en su voz al hablar de su trayectoria en la Lucha Libre, la cual la ha llevado a presentarse no solo en todas las arenas de Chiapas sino también de Tabasco y Campeche, e incluso a ser estelar en el vecino país.
¿Cómo empezaste en la Lucha Libre?
Fue al conocer a mi esposo, aunque no sabía que era luchador. Empecé a entrenar cuando nos fuimos a vivir a Tapachula. A él lo llamaron como instructor de Lucha Libre. Nos quedamos a vivir en el gimnasio donde trabajaba. La Lucha Libre ya la traía un poco en la sangre, aunque no vengo de familia luchadora, pero sí me gustaba mucho verla en familia en la televisión, y de ahí me gustó, aunque empecé a entrenar al ver a mi esposo dar las clases. Quise entrenar, pero al principio mi esposo no quería porque era demasiado delgada, creía que me iba a golpear, pero a fin de cuentas lo convencí, pero me puso a prueba entrenando 15 días descalza, y yo feliz porque pasé la prueba y hasta hoy aquí andamos.
En su experiencia, ¿siguen existiendo tabúes hacia las mujeres luchadoras?
Sí, todavía somos un poquito discriminadas en la Lucha Libre. A lo mejor no es tanto como antes, pero sigue siendo un poco mal visto que la mujer practique la Lucha Libre. Nos dicen que no debemos estar entrenando sino en casa, haciendo quehaceres, atendiendo al marido y a la familia, pero no debería ser así porque tanto hombres como mujeres tenemos derecho de elegir qué deporte nos gusta. No es de seguir dependiendo del género masculino, o de qué debemos, queremos o podemos.
Por lo general, las luchadoras aparecen en las primeras luchas de una cartelera. ¿No merecen estar en las estelares?
Sí, nosotras como mujeres siempre decimos eso, porque ahí se ve a qué grado es la discriminación contra nosotras en la Lucha Libre. No nos quieren dejar subir. No es algo de compañerismo, sino también depende de la promotora, de quienes están en el grupo que hace una cartelera. Lo vemos mal como mujeres, porque no nos quieren dar las oportunidades para que vean que también nosotras podemos sacar una buena lucha estelar.
Con el tema de la lesión, ¿cómo lo estás manejando?
Híjole, es una pregunta realmente muy fuerte para mí porque lo que estoy viviendo ahorita no se lo deseo a nadie. Es muy triste tener una lesión de este grado porque no sabes cómo vas a quedar, si realmente voy a poder seguir, no lo sé todavía. Desafortunadamente, ese es el riesgo que corremos, y no solamente las mujeres, también los hombres. Cuántos no han salido fracturados y ya no vuelven. Y no es como dicen, que fue por la edad, que ya debo retirarme. En este deporte no es así; son riesgos que corremos todos los deportistas. Entonces, sí es triste y por más que soy fuerte y me mandan palabras de aliento muy bonitas, digo “Dios mío, estoy en una cama de un hospital, en espera de una cirugía y no sabemos cómo voy a quedar”. Ya llevo aquí medio mes y un donador (de sangre) no ha quedado. Es muy triste para mí, es la realidad y desafortunadamente me tocó.
¿Cuál sería tu mensaje final?
En este Día Internacional de la Mujer, les digo que no se dejen, que decidan por ustedes mismas y que traten de no depender de nadie. Si eligen un deporte, que no dependan de nadie, que le echen todas las ganas y, eso sí, que entrenen mucho, y ya saben que siempre hay un riesgo que se corre, y adelante con todo siempre.












