El carácter no es algo que dependa de la edad. Es sencillo: se tiene o no. Cuando alguien lo muestra, es capaz de, a los 23 años de edad, tomar la pelota con seguridad. Acomodarla en el manchón. Patear con estadio lleno. Y engañar al arquero. No en un partido. Ángel Zaldívar ha definido el clásico nacional en favor de Chivas: 1-0 sobre el América.
El arranque de América es mejor. Esta cancha le sienta bien. Desde la inauguración del ahora llamado Estadio Chivas, las Águilas perdieron el primer Clásico, en 2011.
La “Chofis” Javier Eduardo López está muy activo al frente. Al 15’, prueba con u zurdazo desde la esquina del área, que busca el poste más lejano pero se va por encima. Siete minutos más tarde, mete una pelota profunda para Alan Pulido, que recorta en el área, pero no encuentra una posición cómoda para disparar.
Por ese costado derecho, Chivas genera constantemente. Jesús “Chapo” Sánchez llega a fondo. Retrasa para Alan Pulido. El delantero hace un recorte en el área. Pablo Aguilar cae en gambeta. Derriba al rojiblanco. El árbitro Luis Enrique Santander no duda. Pita. Señala el manchón. Penal para el Guadalajara.
Ángel Zaldívar toma la pelota. Seguro. Como una semana atrás, en el otro clásico del Rebaño Sagrado. Decide. Escucha el silbatazo. Carrera. Golpea de zurda. Raso. A la derecha de Agustín Marchesín, que se tira al lado contrario. La bola estremece las redes. Gol rojiblanco, al 29’. La fiesta se desata.
América tiene muy poca capacidad de respuesta. El espíritu, ese que otras veces saca a flote al equipo en momentos complicados, esta vez se encuentra ausente. El fútbol de las Águilas, como su uniforme: desteñido. Peor todavía al arrancar la segunda parte, cuando Miguel Samudio se va expulsado por un pisotón sobre Jesús Sánchez, al 51’.
Signo de desesperación. Jesús Sánchez alcanza la pelota pegada a la línea, junto a la banca del América. Ricardo Antonio La Volpe se mete al campo. Corta la pelota. Interrumpe el posible avance. El árbitro se acerca para echar al técnico del campo, al 74’. La visita muere anímicamente. No hay respuesta. Ve diluirse los últimos minutos, hasta “morir”.
El silbatazo desata la algarabía. Guadalajara ha ganado al acérrimo rival. El partido que se le negaba desde 2011. Un gol ha sido suficiente. El orgullo de este encuentro es rojiblanco. La fiesta es para los de Matías Almeyda. Los de Ricardo La Volpe, en cambio, casi ni se enteraron que esto era un clásico.












