Cuauhtémoc llama “payaso” a Nahuel

Cuauhtémoc llama “payaso” a Nahuel

Después de derrotar a Tigres por 3-0 en el estadio Azteca en una final en la cual los felinos terminaron con dos jugadores menos por expulsión, entre ellos Nahuel Guzmán.

Entre los miles de aficionados que colmaron las tribunas del Coloso de Santa Úrsula, destacaron personajes como Sergio “Checo” Pérez, Emilio Azcárraga y por supuesto, el ídolo azulcrema Cuauhtémoc Blanco. El gobernador de Morelos, contento por el título del equipo de sus amores, no pudo ocultar su rechazo hacia Nahuel Guzmán y le dedicó un fuerte mensaje.

“Lo que pasa es que no me gusta que ofendan a un compañero del América, que lo humilló y que igual que el portero que ni me acuerdo cómo se llama el portero de Tigres. Es un payaso, le voy a decir que es un payaso, pero, protagonista, le encanta ser protagonista y yo siempre voy a defender al americanismo y a veces se pasa en sus declaraciones. Le gusta el protagonismo y hasta se ve mal”, expresó Blanco.

Por su parte, Nahuel Guzmán volvió a demostrar que tiene la capacidad de ser recordado como el mejor arquero en la historia de Tigres y cambiar de un momento a otro para perjudicar a la escuadra en la que ya es leyenda.

El portero de los felinos volvió a demostrar que sabe jugar finales. Sus atajadas mantuvieron a Tigres en el partido durante gran parte del choque. Henry Martín, Julián Quiñones, Diego Valdés, Álvaro Fidalgo y Alejandro Zendejas se quedaron cerca de vencerlo, pero ninguno pudo en los 90 minutos de la final de vuelta.

Las “nahueleadas” no habían aparecido, hasta el primer gol del América. Julián Quiñones disparó, el argentino tapó, pero en el rebote, nada pudo hacer ante un zurdazo del americanista que se anidó en el fondo de las piolas.

Guzmán salió a reclamar directamente con el árbitro. El VAR revisó toda la jugada, desde la previa, hasta que el nacionalizado mexicano la mandaba a la red, el dictamen benefició a las Águilas.

Nahuel comenzó a reclamar y señalar rumbo a las bancas. Adonai Escobedo se hartó y lo amonestó. El jugador se fue profiriendo leperadas. Señaló de nueva cuenta hacia las bancas y esperó a que el silbante fuera apoyado por el videoarbitraje. La tarjeta se mantuvo y se vio obligado a irse de la cancha.