Ayer por la noche (después de escribirse estas palabras) comenzó la Serie Mundial de las Grandes Ligas entre dos clubes que no podrían ser más disparejos. Houston, odiado pero acostumbrado al éxito, ante Filadelfia, a quien nadie esperaba ver aquí. ¿Cómo alcanzó cada uno esta instancia final?
Las marcadas diferencias
Los Astros llegan como el primer sembrado de la Liga Americana y con el segundo mejor récord en las Grandes Ligas. Los Filis llegaron como el tercer comodín (por solo un juego, justamente en el primer año que se permiten tres, con el 11º mejor récord de la MLB.
Houston ganó en temporada regular 19 juegos más que Filadelfia, la diferencia más grande en una Serie Mundial desde 1906.
Los Astros llegan tras barrer a los Marineros en la serie divisional para después barrer a los Yankees en la de campeonato. 7 victorias en 7 partidos, buscando ser el primer equipo en la era comodín en coronarse invicto en playoffs.
Los Filis despacharon a los Cardenales en la serie comodín jugada totalmente en St. Louis, después sorprendieron a los campeones Bravos en la divisional y terminaron rápido con los Padres en la de campeonato. En ninguna de esas series Philly partía como favorito, y pese a eso las ganaron 2-0, 3-1 y 4-1, respectivamente, con marca de 4-2 de visitante e invicto de local.
Astros buscan redención
Houston estará jugando su 4º Serie Mundial en 6 años, algo que nadie había conseguido este siglo. De las 3 anteriores, solo ganó* la primera, en 2017. Y ese título* siempre tendrá un asterisco a su lado debido al escándalo del robo de señas (si no sabes qué pasó, solo diré que involucraba una cámara, un bat, un bote de basura y unos cables). Después de salir a la luz, y de despedir al mánager y a varios de los sospechosos, Houston pasó de ser el modelo a seguir a ser el equipo más odiado de toda la MLB. Cada equipo ha aprovechado la oportunidad para burlarse y “vengarse” cuando los Astros visitan su estadio, y esa reputación se la ganaron a pulso.
Y sin embargo… los Astros siguen ganando. Ya sin forma de hacer trampa (que se sepa) y con nuevos managers y directivos, Houston no solo ha seguido ganando, se está convirtiendo en una dinastía. Un campeonato este año, con sus 106 victorias y su dominio en playoffs, culminando una etapa de éxito que lleva 6 años seguidos, pondría a este equipo a un nivel histórico.
Y, pese a que técnicamente su título* en 2017 fue “legal”, para el mundo del Beisbol no lo fue, por lo que ganarlo este año significaría poder decir “miren, y sin trampas” y redimir a este grupo de jugadores que han sentido el repudio del resto de la liga. Además, caer en los clásicos de otoño en 2019 y 21 pese a ser favoritos hace que un triunfo aquí fuera aún más dulce.
Filis no tienen nada que perder
Mientras los Astros son una máquina bien aceitada, con excelentes bateadores, abridores legendarios, un bullpen sólido y un mánager (Dusty Baker) que será Salón de la Fama, los Filis son un grupo de barbones, desarreglados, despreciados, que venían de la segunda racha más larga de la liga sin jugar playoffs y quienes no conocen lo imposible. Alguien en redes definió este duelo como “un samurái sabio con una catana contra un loco con un machete”, y tiene razón. El éxito en Houston es esperado por su plantilla, su mánager, su pasado reciente y su forma de jugar. El de Filadelfia no lo hubiera predicho ni el propio Phillie Phanatic.
El 3 de marzo de 2019 los Filis anunciaron la contratación de Bryce Harper, directamente de Washington, rival divisional, por 13 años y 330 millones de dólares totales, en su momento el más alto de la historia de la MLB. Sin embargo, en su 1º año sin él, los Nacionales ganaron la Serie Mundial precisamente ante los Astros.
Harper, el chico prodigio del beisbol, destinado a la grandeza desde que lo descubrieron cuando era niño jugando en Las Vegas, no estaba ni cerca de cumplir su potencial, al menos no en postemporada. Es hasta ahora, en su 4º año en la ciudad que siempre está soleada, el 11º en su carrera, que Harper por fin llega al escenario más importante, siendo clave para su equipo.
Verlander, Altuve, Álvarez, Gurriel, Valdez y compañía, acostumbrados al beisbol de octubre, ante los potentes bats de Harper, Schwarber, Hoskins, Castellanos, y una alineación luchona con Nola, Wheeler y Syndegaard.
El más odiado y exitoso contra el comodín que se enrachó en el momento más importante. ¿Quién ganará?
¡Hasta la próxima!












