Desde la Tribuna

Desde la Tribuna

Los ídolos que tenemosMi país es único. Eso, me parece, pueden decir todas las personas de este planeta sin excepción, pensar que como su tierra no hay dos. Sin embargo, es difícil que lo veamos tan claro como ahora con México, en un caso muy particular: los ídolos.

Específicamente, en el deporte. En el país del “cangrejismo”, si no quieres ser criticado, no seas exitoso. Es un síndrome imposible de explicar que solo sucede (al parecer) en nuestro país: buscar que a nadie le vaya mejor que a mí.

Puedo dar múltiples ejemplos, pero el mejor es el de Hugo Sánchez, ídolo y “crack” mundial, odiado por muchos en nuestro país por no apegarse a la norma del mexicano común.

Recientemente, hemos visto los casos de “Chicharito”, jugador del Man. Utd. y del Real Madrid, máximo anotador histórico de la selección, pero llamado “tronco” e “inflado” (hasta que lo necesitamos). También está el Canelo, uno de los boxeadores “top” del mundo, pero quien solo enfrenta “bultos”, según leemos en redes sociales.

Un adiós injusto

Esta semana, el jugador con más partidos en la historia de la selección mexicana, y también el mexicano con más partidos en Europa, anunció que se retira por siempre del Tri. Andrés Guardado, solo uno de 6 jugadores en la historia en pisar la cancha en 5 mundiales, no jugará más con México, y seguirá su carrera, por ahora, solo con el Betis. Sin embargo, en vez de despedir a una leyenda de nuestro Futbol como se lo merece, los mensajes que se ven en redes sociales son “se tardó”, “gracias por nada”, “se hubiera retirado antes de ir a Qatar”, “traidor a la patria”, “que se quede en España”, “una buena noticia”, “vaca sagrada”, “esperemos que sea verdad” y miles de comentarios más que no caben o no son aptos para estas líneas.

Y todo lo que jugó en Qatar, les recuerdo, fueron 35 minutos ante Argentina, cuando hizo un trabajo impecable y después se marchó con una lesión, pero uno imaginaría que Guardado se expulsó 15 veces, falló 10 penales y metió 30 autogoles con esos comentarios. Todos esos comentarios son 100 % reales, tomados de Twitter como respuesta a la noticia de su retiro.

Pregunto seriamente, ¿no merece más alguien que, literalmente, defendió nuestra playera más que nadie?, ¿alguien que estuvo en 5 mundiales, en uno como el más joven, y en el último como el veterano capitán que no pudo más?, ¿alguien que lleva 15 años y contando en el Futbol del más alto nivel, nombrado incluso el mejor jugador de la liga holandesa en una ocasión?

Un reto menos tóxico

La afición mexicana parece sufrir de bipolaridad. El 22 de noviembre estábamos coronando a Memo Ochoa como un santo o como el próximo presidente, todo después de taparle el penal a Lewandowski. Semanas atrás, él era el único responsable de todas las derrotas en la historia del América. Hoy, Ochoa ya no es águila, ya que decidió volver al viejo continente, ahora a la Serie A para ser compañero de Johan Vásquez con el Salernitana.

Otra vez, los comentarios reales de las redes son (mejorando su ortografía): “no sabe salir”, “no es un líder”, “listos para descender”, “mercenario”, “históricas goleadas que recibirán de hoy en adelante”, “es malísimo”, “producto inflado de Televisa” (ese fue el que más me dio risa) y muchos otros que, espero, no valga la pena agregar porque ya saben a lo que me refiero.

A sus 37 años, Paco Memo se convierte en el segundo portero mexicano en ir a Europa tras… él mismo hace unos años. Pese a ser clave en tres mundiales con México, Ochoa es criticado como si hubiera recibido los goles a propósito, y lo peor es que viene de americanistas y antiamericanistas por igual.

Lo que nos tocó

Es evidente que ni Ochoa, ni Guardado, están o estuvieron entre los mejores del mundo en su posición. No espero que todo México sea “fan” a morir de los dos. Pero… sí se esperaría un poco más de agradecimiento por dos figuras que estuvieron tanto tiempo en la selección, con sus éxitos y fracasos, y también en el Futbol europeo. Al fin y al cabo, es lo que México ha tenido, son los ídolos que tenemos, que nos tocaron vivir, y si los tratamos así, pronto nos quedaremos sin ninguno.

¡Hasta la próxima!