Desde la Tribuna

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Crónicas mundialistas, parte II: las inauguraciones en el AztecaEl estadio Azteca (o si quieren decirle el Banorte, adelante, aunque ningún mexicano que se respete le diría así) no podrá tener su tercera final, pero sí hará algo histórico: inaugurar una Copa del Mundo por tercera vez, algo que ningún otro inmueble puede presumir. ¿Cómo se vivieron estas fiestas en las dos ediciones anteriores?

México 70: mucho show previo, poco espectáculo en la cancha

Nuestra selección ya había inaugurado un mundial de Futbol cinco veces antes (todas derrotas y con global de un gol anotado y 18 recibidos) pero ahora nos tocaba no por azares del destino, sino porque la FIFA decidió acertadamente, cuatro años antes, que el anfitrión juegue el primer partido y que haya una ceremonia. Fue un 11 de junio, exactamente 56 años antes a la fecha del México-Sudáfrica que inaugurará el Mundial 2026.

El ambiente en nuestro país estaba menos delicado que en el 68, con un Díaz Ordaz ya de salida y la masacre de Tlatelolco menos presente entre la población, pero eso no impidió al nefasto expresidente volverse el centro de atención. Desde los Pinos ordenaron los famosos “17 actos de la ceremonia”, imponiendo a los aficionados al Futbol presentes y mirando en todo el mundo (a color por primera vez en la historia) un protocolo político.

El primerito de esos actos: la llegada al Coloso de Santa Úrsula del mismísimo Gustavo Díaz Ordaz, seguido por algo llamado “honores al señor presidente”. Siguieron bandas de guerra y de la Marina como si fuera un 20 de noviembre, discurso de inauguración por parte del presidente (así como de Guillermo Cañedo, el artífice de ambos mundiales jugados en México, y de Stanley Rous, presidente de la FIFA), saludo a los jugadores del presidente y regreso a su “palco presidencial”. Entre todo ese alboroto, afortunadamente lo más recordado son los desfiles de todas las 16 delegaciones participantes, así como las banderas y los globos que figuraron en la portada de revistas y periódicos.

¿Y el partido? Desafortunadamente, toda la fanfarria previa le quedó muy grande al juego inaugural (no así al resto del mundial, considerado a la fecha el más bonito de la historia). México por fin no perdió, pero tampoco anotó. Nada mal resultado ante la URSS, entonces una potencia con una Eurocopa conseguida 10 años antes y semifinalista en Inglaterra 66.

Lo relevante de ese encuentro terminó siendo la primera amarilla y el primer cambio en la historia de las Copas del Mundo, pero ambos fueron Soviéticos. Eso sí, nadie se imaginó que 16 años después volveríamos al mismo escenario, esta vez en un ambiente muy diferente.

México 86: verde, blanco y rojo, pero no mexicano

La gran idea que tuvo la FIFA de que el anfitrión juegue el primer partido duró dos mundiales, ya que desde 1974 lo comenzó a hacer el campeón defensor (algo que, afortunadamente, volvió a corregirse desde 2006).

Por ello, el 29 de mayo de 1986 no fue México, sino Italia y Bulgaria los partícipes de la fiesta en el Azteca. No fue nada fácil llegar hasta aquí, primero, porque tras la final de España 1982 las pantallas del Bernabéu anunciaron “nos vemos en Colombia 86”, pero el gobierno de ese país vio como imposibles las condiciones que imponía la FIFA, y terminó renunciando a ser sede meses después (algo único en la historia).

México le ganó la puja a Estados Unidos… pero el 19 de septiembre de 1985 volvería a poner todo en duda. Pese a la tragedia, ocho meses después se inauguraría el mundial en la misma ciudad que vio a 6 mil muertos (oficialmente, se habla de 40 mil estimados en realidad) por un terremoto devastador.

El evento inaugural, pensado más para la TV que para los 100 mil presentes, terminó siendo recordado por otro presidente nefasto: Miguel de la Madrid y la rechifla monumental que unió a México como nunca antes. “Paloma Cordero, tu esposo es un cul…”, es la frase que quedó para la historia, no así el insípido 1-1 entre italianos y búlgaros.

¡Hasta la próxima!

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