"Alemania * EFE. Muy cerca de la frontera franco-germana se encuentra Kaiserslautern. Si bien no está en condiciones de competir con otras sedes en términos cuantitativos -tiene 100 mil habitantes, lo que le convierte en la menor de las ciudades sede- ni, mucho menos, en herencia cultural, arquitectónica e histórica -aunque la primera prueba documental de su existencia data del ano 830-, sí puede alardear de tener un equipo de Futbol de primera, el Kaiserslautern FC (FCK), versión teutona de los 'Diablos Rojos' y habitual de las competiciones europeas, aunque en la temporada 2005-06 haya estado viviendo en los últimos lugares de la Bundesliga.
El viejo estadio
Su feudo, el Fritz-Walter-Stadion (así bautizado en homenaje a ""El Hechicero"", el más famoso jugador del FCK, capitán de la selección alemana que ganó el Mundial de 1954), también puede presumir de ser uno de los estadios más antiguos de esta edición, pues se inauguró en 1920.
La remodelación a la que ha sido sometido ha respetado su fisonomía original y se ha centrado en acondicionar las gradas -oeste, sur y norte- y las instalaciones para la prensa y las personalidades.
Un recinto, en suma, que sin grandes alardes el presupuesto para la reforma, 48,3 millones de euros (algo menos de 58 millones de dólares) es el más modesto de todos estará a la altura de los cuatro partidos de la ronda previa y el encuentro de octavos que acogerá, después de reparar las grietas del techo de una de sus tribunas detectado en diciembre de 2005.
Hermosas ruinas
Más que por su atractivo turístico que alguno tiene-, Kaiserslautern es conocida sobre todo, aparte de por su equipo de fútbol, por la cercana base aérea de Ramstein, que durante anos fue el mayor asentamiento militar de los Estados Unidos fuera de sus fronteras. El contingente actual de soldados estadounidenses en esta base ronda los 40 mil efectivos (la cifra exacta se desconoce).
El lugar con más solera de Kaiserslautern son las ruinas del palacio imperial (Kaiserpfalz), erigido en 1152 por orden de Federico Barbarroja.
No en vano, en el nombre de ese emperador y el del río que atraviesa el subsuelo de la ciudad (el Lautern) está el origen del topónimo. Por desgracia, de lo que antano fue un castillo imponente, una residencia sin par en todo el Sacro Imperio Germánico, según las crónicas medievales, sólo quedan hoy algunos restos.
Sus manjares
Una vez aceptado el hecho de que la riqueza arquitectónica no es su fuerte, Kaiserslautern invita a disfrutar de su generoso clima, de las terrazas de su coqueto casco antiguo, con manjares como la salchicha de carne de caballo, y, sobre todo, de las posibilidades que sus alrededores ofrecen a los amantes del excursionismo y el aire libre diversos bosques y parques.
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