"Berlín * EFE. La inmigración de Alemania se ha subido a la ola de patriotismo y ha hecho suya, al menos durante el Mundial, la bandera germana, con el seleccionador Jürgen Klinsmann como factor ""integrador"".
En las calles de Kreuzberg, Neukoeln y otros barrios de Berlín con abundante población inmigrante apareció un elemento nuevo: banderas alemanas colgando junto a las turcas en bares y comercios.
Jóvenes turco-alemanes, en general alérgicos a tales símbolos germanos, se unen a las caravanas de autos enarbolando banderas y haciendo sonar el claxon con más vigor que nadie, mientras las muchachas combinan el velo musulmán con la camiseta de la selección.
Así ocurrió tras los tres partidos de la ronda preliminar, la fiebre fue en aumento en los octavos y se espera que manana, con el partido de cuartos contra Argentina, se vaya aún a más. La comunidad germano-turca, el mayor colectivo de extranjeros, con tres millones de personas, vive con pasión las victorias de su ""selección-suplente"" -Turquía no se clasificó para el Mundial-.
Alemania vive la mayor fiesta colectiva que se recuerda y todo el mundo quiere participar de ella. Algunos lo consideran una especie de mimetismo oportunista, fruto del deseo de unirse al triunfador, puesto que no hay equipo propio; otros lo atribuyen a la personalidad de Klinsmann.
Lo primero no resiste una segunda lectura -Alemania tiene tres títulos, 1954, 1974 y 1999, en el Mundial 2002 acabó subcampeona y hasta ahora no se había vivido algo así-.
Tampoco parece sólido el argumento de que ha influido la presencia en la selección de internacionales de origen no alemán -Miroslav Klose, Lukas Podolski, de ascendencia polaca, por no hablar de Gerald Asamoah y David Odonkor-.
En la selección alemana hubo en el pasado un internacional de origen turco, Mehmet Scholl, y no se dio tal identificación. La diferencia la marca Klinsmann, opina Neco Celik, cineasta germano-turco. El actual seleccionador se ha ganado las simpatías de los turcos, que lo ven como un héroe innovador frente a los ""poderes reaccionarios"" de la Federación Alemana de Futbol.
Su antecesor, Rudi Voeller, representaba las esencias de la alemanidad; Klinsmann es el revolucionario que ha rejuvenecido la selección y echado abajo ídolos que se creían inamovibles del alemán medio -como Oliver Kahn, destronado a la categoría de reservista.
A la identificación con el Futbol joven de Klinsmann se une el ""orgullo del anfitrión"".
Al igual que sus convecinos alemanes, el turco y resto de inmigrantes se sienten parte de las victorias de la selección y también del sentimiento de tener como invitado al mundo entero, de acuerdo al lema oficial -""El mundo, entre amigos""-.
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