En el Estadio Westfalen se vivirán grandes emociones

"Dortmund * EFE. El vetusto Westfalen Stadion, en Dortmund, acogerá una semifinal, un partido de octavos y cuatro de primera ronda. Construido para el Mundial que organizó (y ganó) la antigua República Federal Alemana (RFA) en 1974 -en unas obras que depararon el descubrimiento no de una, sino de hasta 34 bombas de la II Guerra Mundial-, en 2003 finalizó la reforma que unió sus cuatro gradas, hasta ese momento independientes. A esta mejora se unió, en el verano de 2005, la sustitución de los anticuados asientos sin respaldo de la fila inferior, la remodelación del área de vestuarios y la inauguración de una nueva zona VIP y de un sistema electrónico de control de acceso. El coste total ascendió a 40 millones de euros (unos 48,5 millones de dólares).

Si algo distingue a este enorme coliseo, conocido como el ""teatro de la ópera"" de la Bundesliga, y hasta hace poco, el mayor del país, con 69.000 localidades, es su color negro y amarillo, en honor al conjunto local, el Borussia Dortmund, todo un símbolo del fútbol alemán en horas bajas: desde que en 1997 conquistó su única Copa de Europa, el club ha entrado en claro declive, hasta el punto de que en marzo de 2004 sorteó, por poco, la quiebra por la deuda contraída con los propietarios del estadio. Aun así, su afición sigue siendo una de las más coloristas y entusiastas del país. Ubicada en el corazón de la región central del Ruhr, en el Estado federal de Renania del Norte-Westfalia, el más poblado y rico de Alemania (si fuese independiente, sería la decimocuarta economía mundial), Dortmund (620.000 habitantes) es, tras Essen, la segunda mayor ciudad de la cuenca del Ruhr y la séptima de Alemania. Tradicionalmente ligada a la siderurgia y el carbón, en el último medio siglo ha visto cómo los altos hornos (el último se cerró en 2001) daban paso a empresas punteras del sector de las telecomunicaciones, tras un arduo proceso de reconversión del que tampoco salió indemne la tradicional industria cervecera. Todavía hoy Dortmund es el mayor productor nacional de esta bebida y el segundo del mundo, sólo por detrás de Milwakee, en EE. UU. El carácter eminentemente comercial e industrial de esta antigua ciudad imperial, que en el siglo XIII fue uno de los puntales de la llamada Liga Hanseática -organización medieval de ciudades del norte de Alemania- no le priva de atractivos para el visitante. Una ciudad para pasear por sus parques y jardines sobre todo durante las pascuas: su mercadillo navideno es uno de los más grandes y tradicionales del país; cada ano reúne más de tres centenares de puestos y su abeto gigante (en realidad, está hecho con pinos, más de 1.700) es el mayor del mundo, con 45 metros de altura.

Más allá del ajetreo propio de las navidades, Dortmund invita a pasear por sus parques y jardines, las zonas verdes ocupan más de la mitad de sus 280 kilómetros cuadrados de superficie y a recorrer a pie su coqueto centro histórico, con el altar de la Marienkirche (iglesia gótica del siglo XII) y la torre de la Reinoldikirche (del siglo XIII) como principales puntos de interés. Los adeptos al expresionismo alemán no deberán dejar de visitar el Museo Am Ostwall, con más de 2.000 obras de representantes de esta corriente pictórica.

"