Fangio Firmaba en blanco

"Fernando Gutiérrez * CP. En la Fórmula Uno todo cuesta muchísimo. Hacer un auto, conocer un circuito, buscar un tiempo... Ganar, tampoco es fácil. Y después de ganar, todavía es más duro que antes seguir ganando.

En este breve homenaje a los reyes de la velocidad, estarán presentes los grandes corredores del mundo.



Juan Manuel Fangio

firmaba en blanco

El ano 1950 marca un punto de inflexión en la historia de las competiciones de ""coches especiales"" o ""Gran Prix"". Todavía es prematuro hablar de un número determinado de fórmulas, existiendo la absoluta seguridad de que en el momento de estructurar el que iba a ser el primer campeonato con estas máquinas nadie, ni el más entusiasta sostenedor del concurso imaginaba que con el tiempo la categoría pasaría a ser la más importante manifestación mundial de la materia. Una prueba de que todo se movía animado por la mejor intención, pero con escuálidas argumentaciones, la constituye el adosar las 500 Millas de Indianápolis, un automovilismo que nada tenía que ver con lo que se corría en el resto del mundo ni en materia reglamentaria ni en cuestiones técnicas.

Las 500 Millas de Indianápolis eran permanentemente, sistemáticamente rechazadas por los europeos. Únicamente cuando alguna vez Ferrari o Chapman se dedicaban a preparar una máquina especial destinada a correr más de 800 kilómetros, circulando siempre en el mismo sentido, con cuatro curvas por vuelta, se producía lo que ni siquiera era una confrontación.

El soberbio trabajo de Juan Manuel Fangio en 1949 abría los ojos de Alfa Romeo, casa que volvería a la competencia, alineando a José Farina y a Consalvo Sanesi al lado del argentino, invitándose generalmente a un piloto del país anfitrión de la carrera para tener a todos contentos. Al herirse Sanesi en las Mil Millas, eran requeridos los servicios del siempre eficiente Luigi Fagioli, un corredor notable por su paso regular, que venía a ser un eficiente apoyo para sus companeros. El contrato de Fangio era firmado en blanco por el balcarceno. ""Aquello me permitía pasar por una puerta que me franquearía el acceso a Europa"", contaba Fangio muchos anos después. Una vez más, no se había equivocado.

Con el modelo 158 un tanto reactualizado, la casa del trébol verde seguía sumando conquistas. José Farina sería el primer campeón del mundo, título que hasta aquella temporada aparecía siempre envuelto en una nebulosa, sin definición terminante ni concreta. Hasta último momento, ""Giuseppe"" batallaba con el argentino, mientras Enzo Ferrari doblaba su interés por terminar sus propios coches. Y viejas Maserati y Talbot eran llevadas por pilotos que se inclinaban más por la distancia interminable que les permitiera equilibrar posibilidades con la 158, la de más racional relación peso-potencia de su época. La primera prueba fue el GP de Inglaterra, corrido en el viejo aeródromo de Silverstone. Ganaba Farina, abandonaba Fangio y asistía el Rey Jorge, que en una de esas intuía como muy pocos dirigentes deportivos que aquella reunión inaugurada inevitablemente crecería como primera pagina de una historia que desbordaría a sus propios creadores. Aquel GP también se corría como GP de Europa. La reina acompanaba al rey y no faltaba nadie de la corona británica. No corría Ferrari únicamente.

Como para que el campeonato cobrara la mayor dimensión, la competencia emitía los primeros mensajes atractivos. Una impresionante carambola en los vericuetos de las calles de Mónaco, de lo que Fangio sabía sacar el mejor partido porque antes había estudiado cuidadosamente un accidente similar desarrollado en 1936. El parque se enriquecía con el ingreso de Ferrari (coches de 3,300 cm3 sin compresor) y hacía proezas Sommer con una Talbot Lago, que en alguna oportunidad, a favor de su velocidad-crucero y de su economía de consumo, podía compensar la mayor velocidad de las Alfetta.

La anécdota es permanente. La historia no puede ser más rica. En Bari, llamaba la atención el manejo de un jovencito -Stirling Moss- con un diminuto HWM. (Quien lo miraba cuidadosamente, catalogándolo en su cabeza, era Fangio).



Primero Farina,

después Ascari

El primer campeón de la F1, el doctor Giuseppe ""Nino"" Farina, tenía 44 anos cuando alcanzaba la distinción universal. Era uno de los corredores castigados por la Segunda Guerra Mundial porque ya capitalizaba éxitos internacionales en Europa cuando el conflicto bélico, como a tantos otros corredores en muchas partes -incluida la Argentina- los sometía a una forzosa inactividad. Virtualmente primer piloto en Alfa Romeo, además del GP de Inglaterra (la primera carrera que corría la categoría en Silverstone), triunfaba en los GP de Suiza (Berna) e Italia (Monza). Fangio a su vez, companero de Farina, ganaba en Mónaco, Bélgica, Francia y el GP de Europa, corrido también en Silverstone. En 1950, las 500 Millas de Indianápolis eran tenidas en cuenta, imponiéndose Johnny Parsons.

El primer campeonato de la Fórmula 1 era disputado por Alfa Romeo, Ferrari, Maserati, Talbot y Gordini. Peter Whitehead era piloto independiente de Ferrari; también lo eran todos los que utilizaban Maserati (Louis Chiron, Emmanuel de Graffenried, el Príncipe Bira, Reginald Parnell y José Froilan González). Se tenían en cuenta los cuatro mejores resultados de las siete pruebas realizadas.

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