Fischbacher gana el supergigante

"Whistler * EFE. Andrea Fischbacher se exhibió en la pista Franz de Whistler y ganó el supergigante de los Juegos de Vancouver, con lo que devolvió la calma al equipo de Austria, que tuvo que esperar al ecuador de la competición de esquí alpino para celebrar su primer título olímpico en el deporte rey.

Fischbacher ganó con enorme autoridad al cubrir los 2.005 metros de la pista -con salida a 1.425 y un desnivel de 600- en un tiempo de un minuto, veinte segundos y 14 centésimas, 49 menos que la eslovena Tina Maze, que capturó la plata y también se apuntó a la fiesta sorpresa que ambas le prepararon a la estadounidense Lindsey Vonn, que se tuvo que conformar con bronce.

Nacida hace 24 años en Schwarzach im Pongau (Salzburgo), Fischbacher, que hace un año fue tercera en el supergigante de los Mundiales de Val D'Isere (Francia), volvió a dar un importante salto cualitativo, al proclamarse campeona olímpica con sólo dos victorias anteriores en Copa del Mundo, el descenso de Bansko (Bulgaria), hace un año; y el súper de Sestriere (Italia), hace dos.

Algo llevará en los genes: Fischbacher es prima segunda del inimitable Hermann Maier, cuatro veces ganador de la Copa del Mundo -competición en la que logró 54 victorias-, doble campeón olímpico y triple oro mundial, con un palmarés que sería aún más impresionante si no hubiera estado parado durante dos temporadas, tras un grave accidente de moto que casi le cuesta la amputación de una pierna.

Pero el hecho de ser pariente de ""Herminator"" no basta para que te regalen un oro. La austriaca esquió rozando la perfección y se hizo acreedora a un título que rebaja con creces el nivel de tensión en su campamento patrio, donde el bronce en el descenso de Elisabeth Goergl -hoy quinta, por detrás la italiana Johanna Schnarf- se consideraba un botín demasiado exiguo.

La estadounidense Julia Mancuso, resurgida de sus cenizas, que había ganado platas en el descenso y en la combinada, salió con el dorsal 1 y su tiempo aguantó como el mejor durante diez corredoras más, hasta que lo mejoró la alemana Maria Riesch. Pero el tiempo, juez implacable, demostró no mucho después que su línea en la Frogg's Bank -curva en la que no se gana, pero sí se puede perder la carrera- no fue precisa. Mancuso fue novena. Riesch, octava.

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