Ante la imposibilidad de dar clases presenciales por estar catalogados como centros de “alto riesgo de contagio” por Covid-19, así como la falta de apoyos y elevados costos de membresías y renta, gimnasios de Zumba de todo el país y en particular de Chiapas, han comenzado a cerrar de manera definitiva.
Alejandra Albores, prestigiada instructora de la marca Zumba en Chiapas, se vio forzada a cerrar su estudio en días recientes, luego de tres años dando una alternativa de salud y deporte a personas de las colonias Potinaspak y Linda Vista Shanká en Tuxtla Gutiérrez, donde tenía su estudio.
Con más de 8 años como instructora de Zumba, reveló que para poder dar clases es necesario contar con una membresía cuyo costo se cubre en dólares, lo que representaba un gasto de casi 2 mil pesos mensuales.
Hoy día -advirtió- muchos instructores en el estado están abandonando la marca, que tampoco los apoyó ante la pandemia, misma que les ha impedido dar clases grupales, en su caso desde el pasado 27 de marzo.
Al principio -contó- cerró su estudio de forma temporal, consciente de la situación que priva en el estado y que no podía poner en riesgo a las personas que acudían a las clases como una alternativa para estar en forma.
“Aunque nos duela reconocer y sé que muchos compañeros dicen que somos salud, pero somos centros de alto contagio y que en cualquier momento puede haber un brote porque nosotros cantamos y a la hora que cantas sueltas saliva, gritamos y principalmente sudamos muchísimo y todo ese sudor cae al piso y no sabemos quién de nosotros puede tener el virus”, consideró.
Si bien, Alejandra ejerció la opción de dar clases en línea a bajo costo en un principio, reconoció que no ha sido una herramienta del todo redituable, pues también sus alumnas atraviesan por una difícil situación económica, por lo que incluso empezó a dar clases gratuitas pero ni aún así hubo gran respuesta.
“Me pasó lo que a muchos instructores: la gente entró en el desánimo, en la comodidad y en el ya no quiero hacer nada. Empezó la depresión y aunque trates de ayudar a tu gente no se puede, todos están en depresión en angustia… ¿quién quiere bailar si a veces no tienen ni para comer?”, lamentó.
Poca solidaridad
Además -reconoció- ha existido poca solidaridad en torno a la situación, pues en su caso no recibió ningún apoyo por parte de la marca Zumba para bajar el costo de la membresía, ni del arrendatario de su local para condonar pagos.
Tampoco de las autoridades de salud, de quienes se obtuvo la advertencia de que las condiciones para operar en la nueva normalidad podrían darse hasta septiembre u octubre.
Para volver a operar un gimnasio de Zumba, en las nuevas condiciones de salud -enumeró- deberá cubrir gastos extra para satinizaciones mensuales y dar las clases bajo estrictas medidas de sana distancia como la instalación de mamparas, dimensiones amplias del local, sesiones con poca gente, adquisición de tapetes satinizantes, baños de uso exclusivo para necesidad fisiológicas, entre otras medidas que también implicarían un gasto fuerte.
En este sentido detalló que los gimnasios que abran antes de tiempo, están sujetos a ser castigados con multas y en caso de que sean escenario de un brote, sus responsables podrían ir a parar a la cárcel, razones por la cual en Tuxtla Gutiérrez han cerrado un promedio de 60 instructores, si bien se sabe que hay quienes de forma clandestina se han mantenido operando.
Al tiempo que lamentó que el sector deportivo es el que menos se está tomando en cuenta por las autoridades, reconoció que pese a la crisis económica que está gestándose, lo mejor es mantener medidas estrictas para evitar rebrotes y en Chiapas no suceda lo que pasó con algunos instructores de Zumba en Nuevo León, que con la autorización reabrieron y al poco tiempo tuvieron alumnos infectados.
“Esto no puede cambiar de la noche a la mañana, lleva un proceso, tiene que haber un corte de contagio, hay que cortar esa cadena para que podamos cambiar”, concluyó la instructora.












