"Bagnéres-de-Bigorre, Francia * EFE. ""?Paren la paranoia!"", gritaba en la salida de Figeac el dueno del Tour de Francia, Patrice Clerc, al día siguiente de la expulsión por positivo del espanol Manuel Beltrán, el primero en caer en la ronda gala.
Pese a los deseos de los organizadores de que el dopaje no tome los mandos de la carrera, en la caravana reina un ambiente de caza de brujas, de expectativa por conocer cuándo caerá el siguiente corredor, porque todos apuestan porque habrá un siguiente.
Sobre todo después de que la Agencia Francesa de Lucha contra el Dopaje (AFLD), la responsable de los controles en este Tour, revelara que sigue atentamente a una decena de corredores cuyos niveles sanguíneos no son normales, a la vista de las muestras tomadas en los días previos al inicio de la prueba.
Estos datos no indican obligatoriamente que los ciclistas se hayan dopado. La AFLD carece de un histórico de los ciclistas para concluir que los cambios en el comportamiento sanguíneo de los corredores se deban a prácticas ilícitas.
La Unión Ciclista Internacional (UCI), en guerra abierta con los organizadores del Tour, se negó a aportar los datos sanguíneos de los ciclistas recogidos desde primeros de ano para la elaboración del pasaporte biológico. Sin ese histórico, la AFLD se tiene que contentar con ""avisar"" a los ciclistas de que las anomalías detectadas en los controles sanguíneos pueden tener consecuencias sanitarias. Pero, al tiempo, esas anomalías son un indicio para los médicos de la AFLD de que los ciclistas en cuestión pueden haber recurrido al uso de sustancias ilícitas. Y, por tanto, son un lazarillo perfecto para guiar los controles.
Con esas pistas cayó Beltrán a la primera, positivo por EPO. Y tirando del hilo está la AFLD en busca de otros tramposos.
Todos los ciclistas han recibido ya el resultado de los análisis sanguíneos efectuados en el laboratorio de Lausana. Pero el pelotón calla en un silencio que sirve de caldo de cultivo al rumor.
En el centro de todos ellos el italiano Riccardo Riccó, el gran dominador de la montana, que se ha adjudicado las dos etapas montanosas de la edición.
El subcampeón del Giro de Italia, el seguidor de Marco Pantani, el explosivo de la carretera y de las salas de prensa, ha pasado cuatro controles en seis días. Nadie duda de que está en el punto de mira, pero en su equipo, el espanol Saunier Duval, reina la calma. Para ellos es normal que ""la Cobra"" sea objeto de una atención particular, porque el ciclista de Módena, al igual que el animal que le da nombre, tiene la sangre fría. O, mejor dicho, cargada de glóbulos rojos, con una tasa de hematócrito natural de 51, un hecho ""anormal"" reconocido por la UCI, que le ha entregado un certificado reconociendo esta especificidad. Pero los médicos franceses no tienen contacto con la UCI y por eso meten a Riccó en el mismo saco que los otros sospechosos. Al que ya no podrán seguir controlando es al francés Christophe Moreau, que se retiró el mismo día en el que se conoció que había diez corredores bajo sospecha.
Como no tuvo ninguna caída ni había manifestado problema físico alguno antes de la etapa, todo el mundo se preguntaba por los motivos de su salida. El ciclista alegó un dolor de espalda, pero ese mal debió sufrirlo en mitad de la etapa, porque por la manana afirmaba que tenía ganas de afrontar los Pirineos.
El ciclista francés, reputado por su obstinación a no bajarse nunca de la bicicleta, lo hizo por primera vez en siete anos y eso pese a que a sus 37 anos lucía en las carreteras francesas, en las que es todavía un ídolo, el maillot de Campeón de Francia.
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