Horacio Casarín un ídolo de nuestro futbol mexicano

"México, DF. * Agencias. El Parque Asturias ardió la tarde en la que Horacio Casarín abandonó esa cancha con la certeza de que nunca más iba a jugar al futbol; era el 26 de marzo de 1939, y a partir de ese día comenzó a gestarse el mito que hoy, en su dimensión humana, dejó de existir.

Con su esposa, María Elena King, fue una historia de amor que comenzó una tarde de 1938, cuando ella le reclamó una derrota del Necaxa. El encuentro ocurrió en La Alameda de la colonia Santa María, y desde entonces los dos siguieron juntos por la vida; ahora se volvieron a encontrar.

Aquel día del lejano 1939, Horacio salió del partido con la rodilla derecha destrozada. Eran tiempos en los que no se practicaba en México el tipo de operación que necesitaba. Pero decidió ponerse en manos de un pionero, especialista en ortopedia, Alejandro Velasco Zimbrón, quien lo operó sin cobrarle y un ano más tarde, el ídolo estaba de vuelta.

El día que ardió el Parque Asturias jugaban el equipo de esa colonia espanola y el Necaxa. Casarín anotó en el minuto 9 y ya le habían dado un ""hachazo"", según la crónica que publicó ""El Universal"" al día siguiente y que está firmada por Guardameta. Al segundo ""hachazo"", Casarín salió por cinco minutos (no había cambios en esos tiempos). Del tercero, en el minuto 22, no se recuperó...

Dice la leyenda que al ver caído al ídolo, la tribuna se enardeció y quemó el inmueble que se encontraba en donde ahora está un supermercado, en la colonia que lleva el nombre del estadio. Tuvo que ver, pero lo cierto es que el partido siguió, el Asturias empató el marcador 2-2 (con lo que se proclamaba campeón), con ayuda de un penalti, y los aficionados necaxistas no soportaron más: en la tribuna de sol se prendieron varias fogatas y en cuestión de minutos el estadio de madera no tenía salvación. Al día siguiente ocurrió lo impensable, un ""match de football"" produjo información de portada para los principales diarios de la Ciudad de México. Al futbol no lo hizo popular un incendio, pero sí probablemente un ídolo. La semilla estaba sembrada.

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