"Madrid. * EFE. Roger Federer cumplirá el próximo 2 de febrero su cuarto aniversario como número uno del mundo, cuatro anos sin otra oposición que Rafael Nadal y la amenaza de la dejadez por aburrimiento.
El estatus del suizo sigue vetado al resto, pero este ano ha habido alguna senal de que el mito de su indestructibilidad declina. Las grietas en el paraíso de Federer son minúsculas, pero al menos permiten que los tenistas mortales, todos los demás, recobren ánimos. Hasta ahora era un acontecimiento que perdiera con alguien que no fuera Nadal.
Este ano ciertos números avalan la hipótesis de que algo se mueve. El suizo ha perdido nueve partidos, algo insólito. Guillermo Canas, que reaparecía tras dos anos ausente, fue el primero en reactivar el universo ATP al ganar a Federer en dos ocasiones y consecutivas. No volvió a hacer nada, pero ya había hecho bastante: abrir los ojos del resto. El contratiempo de Roger Federer con Filippo Volandri, en Roma, figura en el capítulo de lo imposible de explicar de cada temporada en su carrera.
Las otras seis derrotas son las intrigantes. Todas ante cualificados candidatos a la sucesión, aquellos con los que Federer se muestra insensible. Ya no sólo fue Nadal, que volvió a ganarle dos veces, pero perdió con el suizo la final en tierra de Hamburgo. David Nalbandián, otras dos, Novak Djokovic y Fernando González se inscribieron en la lista de héroes. Seis tenistas en un ano. zCrisis?
Se le acumulan los intrusos a Federer, pero en general los datos de este ano tampoco son demasiado alentadores. Su balance aplasta (68 victorias en 77 partidos), ha logrado ocho títulos y lleva más de doscientas semanas al frente de la clasificación. El ruso Nikolay Davydenko ofrece un elemento para la esperanza: Federer, dice, empieza a hacerse mayor. El diagnóstico lo avanzó curiosamente tras ser despedazado por el suizo, 26 anos, en el Masters de Shanghai. El santuario es aún inaccesible.
Fabio Capello difícilmente olvidará este ano. Llegó al Real Madrid con un doble mandato. Uno, casi taxativo: ganar algún título mayor. El otro, implícito, consistía en borrar los últimos vestigios del régimen anterior. En ambos su gestión fue ejemplar. El equipo ganó la Liga y el Madrid de Florentino Pérez sólo queda en los libros. Su impecable cuenta de resultados no le valió para superar el juicio final. Fue despedido poco después de las celebraciones. Hoy es el nuevo seleccionador de Inglaterra.
En el éxito del Real Madrid hubo factores mucho más decisivos que el juego, puro síncope. El Barcelona, instalado en el mismo paraíso narcisista que antes fue de los madrilenos, colaboró sin desmayo. Lo demás fue cosa de un pequeno grupo de juramentados protegidos por un portero y un delantero centro perfectos. La herencia de Capello, reforzada con 120 millones de euros en jugadores, la administra Bernd Schuster.
En Europa, Real Madrid y Barcelona sucumbieron rápido. La última vez que oyeron los coros atronadores de ""Zadok the Priest"" fue a comienzos de marzo. El Allianz Arena de Munich sirvió para escenificar la liquidación del periodo galáctico y además, la de Roberto Carlos, jugador de culto y representante de varias épocas del club. El Barcelona ardió en Anfield Road. Pocos días después, ambos equipos se enfrentaron en el Camp Nou. El Real Madrid empezó ahí su camino al título mientras el Barcelona se dedicó a mirarse al espejo.
El Milán superó el impacto de la catástrofe de Estambul del 2005 y sumó su séptima Copa de Europa ante el Liverpool. Kaká fue con diferencia el jugador del torneo. Los galardones individuales, Balón de Oro y FIFA World Player, fueron suyos. Prevaleció su elegancia y academicismo, además de los títulos de su equipo, sobre la incorrección política y la heterodoxia que representan Leonel Messi y, sobre todo, Cristiano Ronaldo. Sucede a Fabio Cannavaro, lo que devuelve la credibilidad a los premios.
McLaren y Fernando Alonso disenaron un ano 2007 pródigo en éxitos. Tras abandonar Renault, la escudería de sus dos Mundiales, el espanol buscó un nuevo edén en el equipo británico. Un vehículo competitivo, la superestructura McLaren Mercedes a su disposición y un companero nuevo, Lewis Hamilton, debutante y, por tanto, sólo en fase de aprendizaje. Esa fue la teoría.
El sueno de Alonso y de Ron Dennis duró poco. Los dos McLaren empezaron pronto a repartirse podios y Hamilton vislumbró en Mónaco la posibilidad de ser campeón. Su estrategia desde ese momento obedeció a su exclusivo interés. Se negó a subordinarse a Alonso y Dennis optó, básicamente, por mirar para otro lado. La pantomima de McLaren alcanzó su cenit al entrar el campeonato en sus últimos actos con el espionaje sobre Ferrari, las denuncias por espionaje sobre Ferrari a partir de material confidencial procedente del entorno de la propia McLaren y percances surrealistas en carrera. Desenlace: Kimi Raikkonen, agazapado toda la temporada, cuela su Ferrari hasta el podio final de Brasil. A rey muerto Armstrong en el 2005, el proceso sucesorio no conoce dos anos después otro rey.
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