"Berlín * EFE. El partido de hoy entre Alemania y Argentina, para muchos con rango de final, dará ocasión para medir las fuerzas entre dos mascotas oficiosas: la canciller Angela Merkel y el ex-futbolista Diego Armando Maradona.
El duelo sobre el terreno no será el único que se verá en el estadio olímpico de Berlín: ahí estarán, frente a frente, la afición que mejor canta del Mundial, la argentina, frente a otra que aprende a cantar, recién liberada de su rigidez, la alemana.
El ""Vamos, vamos, Argentina"" estará en clara minoría numérica -unos 10 mil, tal vez hasta 15 mil aficionados-, mientras que el resto del estadio, con 73 mil plazas, será alemán.
Pero la selección de José Pekermann tiene asegurado el vigoroso volteo de camisetas, al son del ""Olé, olé, olá... Argentina, cada día te quiero más"", animado por el también incombustible Maradona.
Los ""Klinsi-Jungs"" -muchachos de Jürgen Klinsmann- no tienen una mascota tan vistosa como los ""Peke-Boys"" y tampoco suena tan bien canción característica, ""Ohne Holland, wir fahren nach Berlín"" -""Vamos a Berlín sin Holanda"", síntesis de la rivalidad con el país vecino al que no quieren en la final, el 9 de julio-.
Más que un canto animoso, parece una consigna política y hasta marcial, de la misma manera que su palco en este Mundial procede de ese ámbito, concretamente de Cancillería, y encima es novata.
Merkel ha tenido que poner empeno en demostrar que sabe algo de Futbol y, por más tesón que le ponga, tampoco se le ve desganitándose como hubiera hecho su antecesor, Gerhard Schroeder. Merkel no jugó de nina al Futbol en la calle -era una nulidad en deportes-, al contrario que Diego Armando y el ex-canciller.
La canciller sabe dibujar sobre el papel el esquema de un fuera de juego, como se encargó de demostrar a los lectores del popular ""Bild"", hace unos meses. Pero sigue poniéndose en duda, ""al fin y al cabo es mujer"", que lo distinga en directo. Pero ahí está ella: en el palco, aplaudiendo, sufriendo y vitoreando. En la inauguración tanteó, con poco salero, pero devoción, los ritmos del espectáculo -de folclore bávaro a hip-hop.
Luego, en el partido de máxima rivalidad, Polonia y Alemania, contuvo la respiración, saltó sobre el asiento a los amagos de gol y se soltó, con el 0-1 liberador de Oliver Neuville, en el minuto 91.
Alemania empezó a conocer ahí una nueva canciller, esa mujer con fama de sangre fría, hija de un pastor protestante y crecida bajo el régimen comunista germano-oriental, doctora en Física hasta que se metió en política, apadrinada por Helmut Kohl.
Sigue sin ser el forofo de la calle que sí es Schroeder, ni tiene entre sus filas a colegas entusiastas como tuvo su antecesor, desde el titular de Exteriores, Joschka Fischer, al de Interior, Otto Schily, ambos jugadores en su juventud.
Merkel ha tenido problemas para encontrar quién la represente en algún partido, puesto que no todos sus ministros son futboleros.
Hoy, en Berlín, la acompanará entre otros ministros Annette Schavan, titular de Educación e Investigación, a quién prácticamente se ha obligado a seguir partidos.
No parece posible que a Merkel la intimide esa situación. Ella, como sus compatriotas, aspira a que el Mundial se cierre no sólo con excelente nota para la organización anfitriona, sino también con un cuarto título para Alemania.
Su estilo y raíces no son las de un Maradona, pero si algo comparte con éste es la ausencia de complejos.
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