Las razones de Chicago Bulls

"Chicago * Agencias. Si bien no tenemos precisiones al respecto, estamos casi seguros de que luego del sexto partido en el Phillips Center ante Atlanta Hawks, el entrenador de Chicago Bulls, Tom Thibodeau, tomó la recomendación de alguno de los genios de la ópera lírica de Chicago para ejercitar -y recuperar- sus cuerdas vocales. En definitiva, debe haber corrido más que Derrick Rose y hablado más que Joakim Noah.

""Éste es el partido más importante de nuestras vidas aquí"", había dicho Rose antes del juego del jueves por la noche. ""Thibodeau nos dijo eso, pero es la verdad"", dijo Rose. ""Es absolutamente real, no podemos mirar más allá. Tenemos el chance de hacerlo hoy, ganar fuera de casa. Definitivamente es un juego grande. Y por lo tanto debemos actuar de esa manera"".

Palabras sabias las del MVP de temporada regular. Y actitud sabia la del mejor entrenador de la temporada, quien cerró las puertas a las segundas chances inyectando a sus dirigidos una dosis de energía única en este deporte: la del corazón, que si se lleva adelante como corresponde, sirve para propagarse como un virus contagioso a todas las partes del cuerpo.

Así lo entendió y aplicó Chicago. Y de esa manera logró su primer pasaje a finales de Conferencia desde 1998, año en el que Michael Jordan sacó lustre por última vez en el piso del United Center, usando sus zapatillas célebres a modo de pinceles endiablados.

Pero eso, que es y siempre será atractivo, quedará en los videos para las próximas generaciones. Porque, definitivamente, una nueva era de los Bulls ha llegado.Y todavía está en carrera por algo más. Ahora bien, ¿puede este equipo de los Bulls vencer a una armada del Heat comandada por Dwyane Wade y LeBron James? La respuesta es que sí. Sin lugar a dudas.

Pese a tener la localía y el mejor récord de temporada regular -a esta altura de los playoffs sabemos lo poco que importa e importó para ganar las series- queda claro que el equipo de Thibodeau va de punto. Porque recibe un trato menor de la prensa, porque Miami viene de eliminar a Boston -su némesis por años- y porque aún los Bulls son una incógnita contra un rival de peso en playoffs.

Se cree que Chicago tiene todo lo necesario. Las razones que tienen los Bulls para imponerse en las finales de Conferencia son las siguientes: en primer lugar, encontraron su punto máximo de solidaridad en el partido decisivo de la temporada. Agiten los pañuelos bien fuerte, porque ya se despidió el barco ultradependiente de Derrick Rose.

Parece que las palabras de Charles Barkley, cuando dijo que un base armador no puede tirar 30 tiros por juego, calaron hondo en la mente del genio de Chicago. Pocas veces Sir Charles estuvo tan acertado en una apreciación. Los Bulls pasaron de lastimar sólo con Rose a profundizar sus opciones. A hacer partícipes a todos sus compañeros, como en los mejores momentos de temporada regular.

Tan es así que asistieron en 34 de los 41 tiros del equipo (el máximo de asistencias de un equipo que terminó con menos de 95 puntos en la historia de playoffs) y Rose hizo un máximo de carrera en postemporada de pases-gol: 12. Además, fue el primer partido que el MVP de temporara regular no lideró en anotación en playoffs, ya que fue Carlos Boozer, con 23 unidades, el goleador de su equipo.

Carlos Boozer volvió a ser la estrella que Chicago necesita. El ala-pivote hizo un desastre con su tiro en salto. Anotó 7-10 desde esa vía en el sexto partido, incluyendo los primeros seis lanzamientos. Lo más interesante es la comparación respecto a lo que había hecho en playoffs, según información del departamento de estadísticas de ESPN: en los primeros 10 juegos, promedió 10.7 puntos, 4.3 TC por juego, 41.7% y 1.5 asistencias.

En el juego definitivo del jueves, anotó 23 puntos, tomó 10 tiros, tuvo 62.5% y entregó cinco pases. Mucho de esto tiene que ver con el punto anterior: utilizar el base armador como el catalizador del resto de sus compañeros.

Los Bulls, en defensa, no son los Celtics. Al menos estos Celtics... La clínica defensiva que dio el equipo de Thibodeau el jueves por la noche será recordada por años. Sin exagerar, la defensa de los Bulls quitó de la cancha a su rival en menos de dos cuartos de acción. Ganó la batalla psicológica con esos brazos en movimiento que parecían multiplicarse, como si fuesen cinco diosas Vishnu entusiasmadas.

El balance fue brillante, y el juego sin balón estacionado, mejor aún, obligando a los Hawks a lanzar 27-74 en TC (36.5%) y 1-11 en T3 (9.1%). Digamos que los Bulls están entrenados para llevar a los rivales al límite de la frustración, pero sólo el jueves lograron conseguir en playoffs lo que varias veces materializaron en serie regular. Fue Chicago en su máxima expresión, y eso tiene que preocupar a cualquier futuro rival.

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