Después de la vibrante semifinal del Abierto de Australia, que se llevó el británico Andy Murray sobre el canadiense Milos Raonic en cinco sets, el vencedor admitió que la lesión de su rival fue clave para tomar el control del encuentro.
Antes del infortunio ocurrido en el tercer set, el partido era un vaivén y los espectadores se deleitaron con un alto nivel de tenis. En los primeros sets parecía ligeramente superior el preclasificado número 13, sin embargo, la lesión del abductor de la pierna mermó notablemente su intensidad.
Cuando Murray fue cuestionado respecto a las dos fases en el juego, antes y después de la molestia en la pierna de su adversario, remarcó que no le sorprendió el nivel del tenista al que se enfrentaba: “Lo vi jugar mucho aquí en Australia y sabía que venía jugando bien”.
Sobre lo que hizo con su rival decayendo en cada set, dijo “obviamente si la lesión le afectó significativamente al final es duro, especialmente en este escenario y en este evento”.
Sobre las repercusiones que pudiera tener su lesión, el canadiense no ha buscado una opinión médica, pues no considera encontrarse mentalmente preparado para conocer los detalles y la calidad en que esté su pierna.
A la final, que tendrá lugar en el estadio principal del Melbourne Park el domingo a las 2:00 horas tiempo del centro de México, el nacido en Escocia llega con optimismo: “No hay razón por la que no pueda ganar”.












