Lisboa * EFE. Las cerca de mil 500 personas que presenciaron el encuentro entre Portugal y México en el lisboeta Parque Mayer, celebraron sin grandes excesos el pase de la selección lusa a segunda ronda del Mundial de Alemania.
Con la certeza de que el combinado portugués tenía asegurada una plaza en octavos de final, los ánimos se encendieron apenas con los goles de Maniche y Simao, el penalti fallado por el mexicano Omar Bravo y la expulsión de Pérez.
En medio de la masa de portugueses que veían el partido en una pantalla gigante luciendo los colores rojo y verde de la selección nacional, cinco hinchas mexicanos animaron a sus jugadores en todo momento, especialmente tras el gol de Fonseca.
Con el pitido final del partido, los aficionados portugueses se dirigieron a la Avenida da Liberdade, una de las principales vías de comunicación de la capital portuguesa, donde animaron a los conductores a hacer sonar las bocinas de sus automóviles en senal de alegría, aunque sin gran éxito.
La misma sobriedad en las celebraciones se vivió en el Parlamento de Portugal, que modificó el horario de los trabajos para que los diputados pudieran seguir en directo el partido, porque buena parte de las atenciones de los parlamentarios estaba puesta en el Mundial.











