“Macaco” Martínez, un delantero de época

“Macaco” Martínez, un delantero de época

Encumbrado como un delantero de la época dorada del futbol tuxtleco —pese a las fuertes lesiones que lo aquejaron durante su carrera—, Óscar Martínez Figueroa paladea en su memoria los goles que anotó por racimos, ya fuera con la selección de Tuxtla Gutiérrez, con el representativo de Chiapas o bien, con alguno de los diferentes clubes con los que militó hasta su etapa como veterano.

Nacido en La Providencia (Cintalapa de Figueroa, Chiapas) hace 71 años, el exfutbolista a quien cariñosamente apodan “Macaco”, hizo su vida en la capital chiapaneca, a la que sus padres lo trajeron a vivir en 1950.

Sus más emotivos recuerdos giran en torno a un balón, en una carrera por las canchas que inició a los 16 años de edad y que culminó hasta sus 50, cuando un físico mermado por las lesiones le pidió parar.

“El Macaco” Martínez recuerda que en los años 70, donde actualmente está el parque Bicentenario, existía una lomita polvorienta a donde acudía a jugar junto a sus hermanos Amadeo, José, Armando y Carlos, así como vecinos y amigos.

Su olfato goleador lo llevó a ser seleccionado por más de una década por Tuxtla Gutiérrez, sin embargo, su máximo logro fue representando a Chiapas en 1973, cuando formó parte del equipo campeón nacional de Las Casas de la Juventud, venciendo en la final a la selección de Tabasco por 4-0 ante miles de aficionados agolpados en el Estadio “Flor del Sospó”, en un torneo en el que además se erigió como el segundo máximo rompe-redes con siete goles.

A nivel estudiantil representó a la Secundaria Adolfo López Mateos, al Icach y a la Escuela de Contabilidad, mientras que en Primera Fuerza Libre anotó goles y coleccionó títulos de campeón con el Cruz Azul (1971-1974), Municipal (1974-1975) y el Club Martínez y Martínez (1975-1990).

En su época de veterano continuó en las canchas con el Junior (1985-1987), Martínez y Martínez (1988-1990), Rectificaciones Tuxtla (1991-1992), Mantenimiento Integral de Inmuebles (1992-1996), CFE-Exa Tec (1998-1999) y el Autos Wilfried Roque (1999-2000), este último en el que se retiró.

“Fueron varios equipos en diferentes categorías, muchos partidos, muchas satisfacciones, muchos goles anotados; alegrías, frustraciones victorias y derrotas, así fue la culminación de treinta y cinco años en mi peregrinar en el futbol tuxtleco”, recordó.

Martínez agradece estar en pie, pese a que el futbol también le dejó fuertes lesiones, una de ligamentos y meniscos en la rodilla derecha y otra aún más grave de columna vertebral, en un partido disputado en el desaparecido campo de la Secundaria del Estado, donde a causa de un fuerte sentón en la disputa por un balón resultó con dos vértebras sacrolumbares pegadas y perdió la movilidad de la cintura hacia abajo por un tiempo.

“Dios es grande y me permitió seguir jugando, a pesar de la negativa del doctor Melesio Hernández, excelente médico general de la colonial Chiapa de Corzo. Estuve en cama solo, acostado de cuatro a cinco meses con los pies metidos en un par de botas cortas aseguradas a una tabla con agujeros y entrelazadas con un cordel que en la otra punta soportaba una bolsa de arena de 8 a 10 kilos de peso, pues el objetivo era jalar las vértebras que estaban pegadas y dificultaban mi accionar”, recordó.

Hoy, a años de distancia, de todo lo bueno y malo ocurrido en las canchas, Martínez Figueroa reitera su agradecimiento al futbol, a la vida por practicarlo y a los amigos, compañeros, adversarios y hasta árbitros con los que compartió su pasión por el balón.