Moyá es un fenómeno sin antecedentes en Argentina

"Buenos Aires * EFE. ""Ser Gardel"" en Argentina significa lo máximo, lo insuperable, porque Carlos Gardel es más que un prócer, más que un héroe. Y así ese rótulo ser convierte en lo más aproximado a la certificación de una verdad absoluta, porque los argentinos no llaman de esa manera a cualquiera.

Que aseguren que el tenista espanol Carlos Moyá ""es Gardel"" no tiene antecedentes en la historia del deporte de este rincón del mundo, porque para serlo hay que ser argentino como Maradona, Fangio, Monzón, Ginóbili y Vilas, estrellas incontrastables en los cinco deportes más populares del país.

Moyá sabía muy bien que lo amaban en este país desde que desembarcó por primera vez en sus costas en 1995 y ganó su primer torneo profesional en el Buenos Aires Lawn Tennis, la catedral del Tenis local. Lo corroboró cuando fue campeón en 2003 y cuando perdió la final contra Guillermo Coria en 2004.

Pero esta vez, desde que jugó su primer partido en la Copa Telmex 2006 ante el italiano Fabio Fognini y perdió el primer set, entendió definitivamente, por la senal de apoyo incondicional que bajaba de los graderíos, que si superaba esta instancia, se imponía y ganaba los cuatro partidos siguientes podría alcanzar tanto un nuevo título después de un ano de sequía como un reconocimiento gardeliano.

Y lo obtuvo, jugando con el público como companero, con voces de aliento a su alrededor que en estos días sólo están dirigidas, en esta disciplina, a Nalbandián, Gaudio, Coria, Acasuso, Chela, Calleri y a algunos más.

""Carlos Moyá es Gardel"", titula hoy a toda página el matutino ""Clarín"", el de mayor tirada en el país.

""Moyá, el rey de Buenos Aires"", asegura La Nación en un comentario que el tenista mallorquín seguramente ha recortado y guardado. ""En el siglo XVI, Espana tenía un rey, Carlos I, primero de la dinastía de los Hasburgo, que contaba bajo su dominio con tierras en diversas partes del planeta, lo que obligaba a decir que en su imperio nunca caía el sol"", senala el rotativo.

""Cinco siglos más tarde, en un reino más chico, de polvo de ladrillo (tierra batida) y ubicado en Buenos Aires, un tenista con el mismo nombre de pila que el monarca, Carlos Moyá, sin darse cuenta y sobre la base de conquistas, también hace brillar el sol en un imperio más chico"". remata.

""Otra vez el espanol Moyá fue un argentino más en el Lawn Tenis"", indica el diario deportivo ""Olé"", que incluye en su página de Tenis unos párrafos de color por demás ilustrativos: ""Agustín, de siete anos, había ayudado a su papá Alejandro a pintar dos banderas espanolas que colgaban en la última fila: `Vamos Moyá´ y `Moyá campeón´. zPor qué se había hecho fanático del mallorquín?: `Porque siempre lo elijo en la Play Station´, respondió el nino, que además lo seguía por la tele. Recién esta semana lo vio en vivo"".

Durante la final contra el italiano Filippo Volandri, Moyá recibió numerosas manifestaciones femeninas de admiración, con palabras que habrían hecho dejar la raqueta a cualquier mortal y salir disparado hacia las tribunas. Quedó claro, de repente, que su éxito excedía ese marco cuando en un momento de silencio, antes de un servicio, una voz masculina rompió los moldes: ""Moyá, I love you"". El mallorquín había decidido jugar la final con una camiseta roja y un pantalón negro, pero los organizadores del torneo le pidieron que cambiara y se pusiera ropa con los colores argentinos. Y salió a la pista con camiseta celeste y pantalón blanco, detalle que reforzó la oleada de aplausos y vítores.

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