Perseverancia, el sello de una vida dedicada al Futbol

Foto: Cortesía
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Hay historias que no necesitan llegar a la primera división para convertirse en ejemplo. Algunas se construyen a base de sacrificios, viajes, entrenamientos, derrotas y nuevas oportunidades. Así ha sido el camino de Acolhua Cuello Salais, futbolista chiapaneco que durante más de dos décadas ha hecho del esfuerzo y la constancia sus principales compañeros dentro y fuera de la cancha.

Su relación con el Futbol comenzó cuando cursaba el quinto grado de primaria. Hasta entonces practicaba Natación, Basquetbol, Voleibol y Tae Kwon Do, pero fue durante un recreo cuando unos compañeros lo invitaron a jugar un partido. Bastaron unos minutos para descubrir que aquel deporte tenía algo diferente.

No tardó mucho en ser llamado para integrarse a la selección de su escuela y, en su primer torneo, consiguió el campeonato. Aquella experiencia marcó el inicio de una pasión que con el paso de los años se convertiría en un proyecto de vida.

El nacimiento de un sueño

En la secundaria comenzó a jugar de forma más constante y encontró en los entrenamientos una disciplina que lo motivaba cada vez más. Descubrió que podía competir, marcar goles y hacer diferencia dentro del terreno de juego.

A los 17 años dio uno de los pasos más importantes de su carrera al ingresar a la Escuela de Talentos Pachuca, donde conoció una preparación completamente distinta. Las prácticas diarias, la exigencia física y el trabajo técnico le permitieron evolucionar rápidamente como futbolista.

En esa etapa apareció una persona fundamental: el profesor Humberto Cruz Centeno, quien identificó su potencial y decidió impulsarlo con entrenamientos adicionales y consejos que terminarían marcando su formación.

En apenas un año pasó de ser un jugador con talento a convertirse en uno de los delanteros más efectivos de la Liga Municipal, quedando incluso muy cerca del campeonato de goleo, pese a disputar menos partidos que sus principales rivales.“ Podrás tener talento, pero si eres indisciplinado, tampoco vas a llegar a ningún lado”, considera.

Las oportunidades que cambiaron su camino

Su crecimiento llamó la atención para incorporarse al proceso de Fuerzas Básicas de Jaguares de Chiapas. Incluso entrenó con futbolistas de categorías superiores para demostrar que estaba preparado para competir al máximo nivel.

Sin embargo, el destino le jugó una mala pasada. Justo cuando estaba por incorporarse al torneo de reservas, la competencia desapareció y aquella oportunidad se esfumó antes de concretarse. Lejos de rendirse comenzó una etapa de constantes pruebas en distintos clubes del país. Viajó, entrenó con Dorados, acudió a visorías y tocó innumerables puertas.

En varias ocasiones recibió el reconocimiento de entrenadores que aseguraban que tenía las condiciones necesarias para quedarse, pero diversos factores terminaron alejándolo del profesionalismo. Durante años vivió la frustración de quedarse muy cerca sin poder dar el último paso.

La recompensa

Cuando pensaba en retirarse, decidió darse una última oportunidad. Viajó al Estado de México para hacer una nueva prueba y, después de varios días de entrenamientos, recibió por fin la noticia tan esperada: había convencido al cuerpo técnico.

Aquella experiencia confirmó que el esfuerzo nunca había sido en vano. Aunque el profesionalismo no terminó desarrollándose como lo imaginaba, comprendió que el verdadero valor estaba en nunca abandonar su sueño. “Siempre pensé que si seguía insistiendo, tarde o temprano iba a llegar la recompensa”, afirma.

Un referente del Futbol amateur chiapaneco

Con el paso de los años se convirtió en uno de los futbolistas más reconocidos del balompié amateur de Chiapas. Ha defendido los colores de numerosos equipos y conquistado campeonatos en diferentes municipios, además de haber sido invitado constantemente como refuerzo, gracias a su capacidad goleadora y su liderazgo en la cancha.

Uno de los momentos que recuerda con mayor orgullo es el bicampeonato conseguido con UMA San José, logro que considera especial por llegar en una etapa en la que la experiencia terminó siendo tan importante como las condiciones físicas.

Su filosofía nunca cambió: entrenar, competir y entregar siempre el máximo esfuerzo sin importar el escenario.

Una forma de vida

Hoy, a sus 39 años, continúa jugando con la misma pasión que sintió durante aquel recreo en la primaria. La disciplina ha sido una constante. El cuidado de su alimentación, mantenerse alejado de los excesos y preparar su cuerpo diariamente le han permitido mantenerse vigente sin sufrir lesiones de gravedad.

Pero quizá lo más especial que vive actualmente ocurre fuera de la cancha. Ahora observa desde otra perspectiva el crecimiento de su hijo, quien también sueña con convertirse en futbolista profesional.

Acompañarlo en cada entrenamiento y cada partido representa una nueva ilusión para quien entiende que el Futbol también se transmite de generación en generación. “Quiero que me recuerden como alguien que siempre dio el máximo, sin importar si le pagaban o no por jugar”, expresó.

Más allá de los goles

Después de tantos años, Acolhua Cuello tiene claro que el mayor legado del deporte no son los campeonatos, sino las amistades, los valores, la disciplina y la oportunidad de formar mejores personas.

Por eso, cuando observa a los jóvenes que hoy comienzan su camino, siempre comparte el mismo consejo: trabajar, sacrificarse y no abandonar nunca sus sueños. Porque si algo ha demostrado su propia historia es que la perseverancia puede abrir puertas incluso cuando todo parece perdido.