No había serie más segura que la de Cruz Azul y Pumas, no había datos en la historia que avalaran que los felinos podían remontar el 4-0 de los celestes en la ida de la semifinal, sin embargo, eso de “cruzazulear” era lo único que le daba los argumentos a Andrés Lillini de reescribir la historia del futbol mexicano.
Así fue, los del Pedregal reescribieron todo, la historia y le dieron un nuevo sentido a las “cruzazuleadas”.
Sus jugadores hicieron creer a toda la afición “auriazul” y poner en el filo del sillón a los cementeros. El inicio de lo que pudo ser la remontada histórica fue apenas con cuatro minutos en el reloj.
Un tiro de esquina ejecutado por Leo López, que fue peinado por Alan Mozo para dejar el esférico botando en el área entre los pies de jugadores cementeros y de Juan Ignacio Dinenno, quien terminó empujándolo para abrir el marcador al minuto cuatro.
Lo que parecía imposible tomaba su curso, el segundo de los cuatro que necesitaba Pumas cayó al 37’ con una jugada de Iturbe, quien se apoyó con Mozo, el defensa definió pero atrás Jurado logró atajar dejando la pelota con vida, que es encontrada nuevamente por Dinenno para el 2-0.
Y como unos auténticos cazadores, colocaron a su presa contra la pared cuando Carlos González anotó el tercero al minuto 43, gracias a una jugada individual para entrar al área y cruzar.
Todo lucía como un vendaval para los celestes, el cielo se abrió cuando César Arturo Ramos señaló un penal por falta de Nicolás Freire sobre Jonathan Rodríguez, pero se verificó en el VAR y se determinó que previo a la jugada hubo un fuera de lugar por lo que inhabilitó todo lo que sucedió después.
Rivero puso en aprietos al cuadro universitario con un disparo desde el costado del área, Orbelín Pineda se elevó para conectarlo pero no logró hacerlo y cayó al césped, luego de que Julio González le propinó un golpe cuando también se lanzó a buscar atajar.
Ante la imposibilidad que Lillini le presentó a Siboldi para el ataque, en la recta final del juego el técnico celeste optó por irse a defender y apostarle al 3-0.
Jugaron con la desesperación del rival, que ya no podía llegar, y La Máquina amarrada para no ver perder su boleto a la final y una reedición de la “cruzazuleada”.
Sin embargo, en las “cruzazuleadas” contaron todos los minutos y segundos, y así al 89’ apareció Juan Pablo Vigón para rematar y poner el 4-0 que ridiculizó a toda una institución.












