El clavadista mexicano Germán Sánchez, quien ganó este sábado medalla de plata, agradeció a Dios y confió en que lo haga mejor persona, al considerar que es una recompensa divina tras las críticas en la final de sincronizados del 8 de agosto.
“Después de los sincronizados se habló mucho de mí. Pero Dios nunca deja que sus hijos sean humillados. Él hoy no me deja ser humillado”, dijo Sánchez, fervoroso creyente de confesión evangélica, ya con la medalla reposando sobre su pecho.
De esta forma se refirió a la decepcionante quinta plaza obtenida el 8 de agosto en el dúo con Iván García, en una final en la que Sánchez no estuvo al mejor nivel por las dificultades climatológicas y por lesiones que arrastra en el hombro.
La pareja de Clavados Sincronizados de García y Sánchez era considerada entre las de mayores probabilidades de ganar medalla para México en los Juegos, tras la plata lograda por los dos clavadistas en Londres 2012.
Sin embargo, la gloria este sábado sólo fue para Sánchez, que dijo salir sin presión a una final en la que ni él, ni su entrenador —el experto Iván Bautista— tenían muchas expectativas.
“Fue una medalla que no se esperaba por mi parte. Es un hincapié de que nada es imposible. Que en este deporte puede pasar todo. Cuando haces las cosas con el corazón tienes mejores resultados”, puntualizó Sánchez.
“Veníamos un poquito bajos, pero sacó la casta y se dio. Feliz por esa plata de Germán, porque tuvo muchos problemas en el hombro, pero se aferró”, explicó Bautista, quien consiguió su tercera medalla como entrenador tras las dos de Londres 2012.
“La esperaba con Iván García, que tenía más posibilidades, pero mira cómo es la vida que cae con Germán”, señaló el entrenador, quien dijo sentirse “satisfecho y como un mexicano que ha cumplido con su país y con la misión de ganar medallas olímpicas”.
Ya en rueda de prensa, Sánchez descartó que el haber ganado la medalla de plata pueda cambiar su relación con Iván García, su compañero, pero su antítesis en cuanto a carácter.












