Madrid * EFE. El Real Madrid alcanzó los cuartos de final de la Copa del Rey, competición a la que esta temporada concede máxima importancia, con un nuevo triunfo ante el Athletic Club de Bilbao (2-0) en el día en el que el brasileno Robinho se quitó de encima la presión del Bernabéu.
Se presentaba el partido como uno de esos días idóneos para aumentar la autoestima de jugadores como Robinho o Baptista en el Bernabéu. El Athletic Club aterrizaba en Madrid con desventaja en la eliminatoria y con un equipo remozado sin la presencia de sus principales valores, Yeste, Urzaiz, Luis Prieto o Julen Guerrero, desde el regreso de Javier Clemente.
El Real Madrid quería certificar su buen inicio de ano en el Bernabéu donde el miedo escénico había adquirido un cariz opuesto en los últimos partidos, en los que a sus rivales les bastaba el orden para puntuar y aumentar la crispación de la exigente afición con ciertos jugadores.
Nació el partido con un ritmo lento, cansino, con dos equipos con miedos. No saltaba al césped el Real Madrid decidido a resolver y el rejuvenecido Athletic Club apostaba por morder en el centro, en la construcción madridista, y buscar la velocidad de Aduriz para crear peligro.











