Sebastián Cancino Fernández tiene 27 años y define su vida profesional de una manera particular: “Soy piloto de tiempo completo y empresario de medio tiempo”.
Originario de Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, estudió Economía en la Ciudad de México y es empresario de la construcción, pero desde pequeño desarrolló una pasión por los automóviles y la velocidad que con el paso del tiempo se convirtió en parte esencial de su vida.
De la mano de su padre
Su primer acercamiento al deporte motor ocurrió gracias a su padre, quien también tenía afición por los autos y solía llevarlo a agencias y carreras en distintos estados para apreciar los coches.
Cuenta que, durante un viaje a Estados Unidos, conoció algunos de los automóviles deportivos que hasta entonces solamente había visto en fotos: Ferraris, Lamborghinis y Porsches. “Escuchar el sonido del motor y verlos pasar rápido despertó una emoción en mí”, recuerda.
Años después, esa afición lo llevó al mundo del Karting, comenzando en pistas de renta, y posteriormente adquirió su primer kart con apoyo de su padre. Durante unos cuatro años participó en competencias y consiguió podios y algunas victorias que lo mantuvieron con la motivación de saberse capaz de pelear codo a codo por el podio, pero sobre todo lo ayudaron a desarrollar habilidades fundamentales para un piloto, como saber en qué momento frenar, acelerar, tomar curvas y rebasar.
El salto a la competencia
Desde el año pasado comenzó a explorar otras modalidades del Automovilismo Deportivo, participando en carreras de resistencia y en “rallies” de regularidad, experiencias que le permitieron descubrir su gusto por conducir vehículos de mayor tamaño y enfrentar nuevos desafíos en carreteras.
También tuvo su primer contacto con la Carrera Panamericana participando en el Sport Tour, modalidad que le permitió conocer parte de la dinámica de la competencia y familiarizarse con los recorridos.
Para 2026 el desafío será mucho mayor, pues debutará oficialmente en la categoría Histórica A, con un automóvil construido específicamente para afrontar los siete días de competencia que arrancan el 16 de octubre con la salida en Tuxtla Gutiérrez.
“Es un gran reto”, reconoce Sebastián, quien sabe que competir en la Panamericana requiere mucho más que velocidad, pues además hay que invertir tiempo, esfuerzo y recursos, además de aprender a trabajar con el equipo y conocer a profundidad el vehículo.
Su propósito es conseguir una buena clasificación —el día 15 de octubre en la previa— y comenzar la competencia con un auto confiable hasta llegar a la meta en Zacatecas. “Tenemos un objetivo: terminar la carrera, pero también ganarla. Nosotros no vamos de paseo. Nos encanta correr, nos encanta competir”, subrayó.
Un Volkswagen como compañero
Para su debut eligió un Volkswagen Sedan, mejor conocido como vochito, del año 90. Esa elección —comparte— se debió a las características técnicas establecidas para la categoría, pero también a una identificación personal con uno de los vehículos más representativos de México.
El automóvil —cuenta— fue sometido a un proceso de preparación para adquirir la apariencia correspondiente al modelo de 1975, de acuerdo con el reglamento, adaptando aspectos modernos como el motor de 1.8, suspensión, frenos, asientos, cinturones de seguridad y jaula antivuelco.
“Cuando tú construyes un auto desde cero, entiendes cómo funciona el auto, y cuando algo le falla puedes saber que algo no está bien”, explica.
Velocidad, precisión y temple
Uno de los principales desafíos para Sebastián será mantener el control durante los más de 3 mil kilómetros del recorrido. Sin embargo, reconoce que su personalidad competitiva puede llevarlo a asumir riesgos adicionales y, por ello, considera que uno de sus mayores retos será mantener la cabeza fría y evitar excederse cuando tenga una ventaja.
Aunque la Panamericana es una competencia de velocidad, también la considera una carrera de resistencia, por lo que el automóvil y sus tripulantes deberán soportar siete días de máxima exigencia.
El piloto también destaca las particularidades del Volkswagen frente a los autos deportivos modernos, como la ausencia de sistemas electrónicos de asistencia, como control de tracción y ABS, lo que hace que la conducción dependa mucho más de la precisión y habilidad de quien toma el volante.
El copiloto, pieza fundamental
En esta aventura estará acompañado por su copiloto Esteban Ortiz, con quien comparte la responsabilidad de completar los recorridos en una pieza.
En este tenor, considera que la función del navegante es fundamental, ya que debe interpretar el libro de ruta y anticiparle al piloto las características de las curvas y los cambios que encontrará adelante. Así, mientras él concentra su atención en conducir a gran velocidad, Ortiz funciona como una segunda referencia para mantener la estrategia y evitar que la emoción lleve al equipo a cometer errores.
“Él es como la cabeza fría del cerebro que dice ‘oye, ¿sabes qué?, aguanta’, o ‘vamos bien, pero déjalo un poquito’”, explica.
De igual forma, asegura que la relación entre ambos también se ha fortalecido fuera de la pista, pues se conocen desde hace varios años y comparten la pasión por los autos.
Representar a Chiapas
Para Cancino Fernández, competir en la Carrera Panamericana 2026 también representa la oportunidad de llevar el nombre de Chiapas a una competencia internacional.
Es por ello que asegura sentirse orgulloso y honrado de representar a su estado natal y de utilizar la exposición de la competencia para mostrar la riqueza cultural y turística de la entidad.
“Siempre había tenido la ilusión de representar a México o a mi estado en alguna competencia internacional. Creo que este es el primer acercamiento”, comenta.
Esto también permitirá que el público chiapaneco tenga un representante local durante el paso de los vehículos por la entidad, en una carrera que reúne a aficionados y espectadores en las calles de Tuxtla Gutiérrez.
Pero la a participación de Sebastián también está vinculada con un proyecto social denominado Corriendo con Causa. A través de Petrolab Racing, Fundación Toledo y Proyecto Fénix se trabaja para apoyar el mejoramiento de una escuela comunitaria en Berriozábal a la que acuden alrededor de 50 niños.
Actualmente, el proyecto contempla el acondicionamiento del perímetro del plantel, con el objetivo de mejorar las condiciones de seguridad para los estudiantes. “Yo siempre he creído que no solo se trata de correr, sino de dejar huella en el camino, de poder aportar a la sociedad y a la comunidad que no ha tenido las mismas oportunidades que nosotros”, expresó.
El volante pretende aprovechar la atención que genera la Panamericana y sus redes sociales para convocar a más personas, empresas e instituciones interesadas en sumarse a esta iniciativa.
La meta
El 22 de octubre, Zacatecas será el punto de llegada de la Panamericana 2026, y para Sebastián, cruzar esa meta representaría mucho más que completar una carrera.
Aunque reconoce que le gustaría convertirse en campeón, asegura que también valora todo lo que ocurre durante los meses de preparación: las personas que conoce, los amigos que hace, el respaldo de los patrocinadores y las experiencias que surgen alrededor del proyecto.
“Me gusta mucho disfrutar el proceso”, concluye el chiapaneco, quien al volante de un Volkswagen se ilusiona con llevar los colores de Chiapas por las carreteras del país.












