Green Bay * Agencias. Se acomoda ahora tan hermosamente, ¿no es así? Justo como estaba planeado. Aquel tiempo en el Salón Verde -las cuatro horas y 35 minutos que pasó Aaron Rodgers esperando escuchar su nombre en el draft del 2005- fueron intervención divina, no una humillación. Ser despreciado por 21 equipos, incluyendo uno que seriamente consideraba reclutarlo primero global, fue meramente una nota al pie de la grandeza.
Ser elegido por una franquicia de Green Bay que contaba con un futuro miembro del Salón de la Fama que no estaba dispuesto a discutir la cesión de su puesto fue la puerta de acceso para el éxito de Rodgers, y no una gran obstrucción. Quedar sentado detrás de Brett Favre por tres años produjo madurez, en lugar de amargura.
Hoy en día, se puede mirar a Rodgers y ver que está en la orilla de completar enfáticamente una hazaña histórica: seguir los pasos de una leyenda como mariscal de campo, y tener éxito al hacerlo. Realmente, sin embargo, una de las cosas que quedan claras del viaje de Rodgers es que suficientes cosas salieron mal como para producir eventualmente algo muy bueno.
Empezando por el draft del 2005, una historia que los aficionados de los Packers conocen a la perfección. Aunque talvez no hay que comenzar allí. En lugar de eso, hay que empezar con la idea de que Rodgers aterrizó en el radar de Futbol Americano casi por error. Rodgers se graduó de una preparatoria en Chico, California, para recibir cero ofertas de beca de universidades de la División-I de la NCAA. Nadie. (Nota a los chicos que aman el Futbol Americano: ¿realmente nunca se ha acabado todo, verdad?). Se inscribió en el cercano Butte Community College. Estando allí, comprando tiempo, el entrenador en jefe de Cal, Jeff Tedford, arribó para observar al ala cerrada de Butte. Tedford halló a un mariscal de campo.
Después de una carrera estelar, Rodgers fue considerado por algunos como riesgo de draft, en parte porque los mariscales de campo previos de Tedford (Akili Smith y Kyle Boller, entre ellos) no habían tenido mucho éxito en la NFL. Rodgers fue señalado por algunos como presumido, lo que, como sugiere el paso del tiempo, es posiblemente una de sus mejores cualidades -confianza firme- que le ha mantenido en marcha pese a estar tres años cargando la tablita de jugadas para Favre. Pero ahí está.
Alex Smith era producto de la ofensiva de alto octanaje de Urban Meyer en Utah. Era un poco más alto que Rodgers, y algunos pensaron que estaría más listo más rápido para la NFL. Pese a que Meyer advirtió que Smith requeriría un poco de tiempo para descifrar el estilo de la NFL, el entrenador en jefe de los 49ers, Mike Notan, y su equipo, incluyendo el actual entrenador en jefe de los Packers Mike McCarthy, quedaron encantados.
Los 49ers estudiaron a Rodgers, el chico del norte de California que creció idolatrando a Joe Montana y que tenía a San Francisco al tope de su lista de equipos con los que más deseaba jugar. Pero el día del draft, con la primera selección global, los Niners se decidieron por Smith. Erraron por tan poco.
Invitado a New York por la NFL para el draft, Rodgers permaneció sentado en la sala de espera a lo largo de 23 selecciones, con la sala vaciándose gradualmente y el resto de los jugadores invitados escuchando su nombre y saliendo a reunirse con sus nuevos equipos. Después de los 49ers en el tope de la lista, los equipos reclutaron basándose en la necesidad, y Rodgers no era una necesidad.
Cuando los Packers finalmente tomaron a Rodgers en el Nº 24 -cuatro horas y media y quizás 30 millones de dólares después de aquella selección Nº 1 global-, los aficionados en el Javits Center, en el lado oeste de Manhattan, le brindaron una larga ovación. Quizás estaban más aliviados que nada. Rodgers dijo algo ese día sobre cómo Dios le estaba aleccionando en cuanto a humildad y paciencia. Requería de ambas.
Así fue como un hermoso sendero se abrió. Se puede ver que, mientras Smith fue lanzado a los lobos por los 49ers en su temporada de novato detrás de una línea ofensiva miserable, Rodgers fue a Green Bay y empezó a aprender el juego profesional observando a Favre jugarlo. Mientras Smith fue golpeado y zangoloteado por seis coordinadores ofensivos en seis años, Rodgers estudió su oficio y, eventualmente, no sin esfuerzo, tomó las riendas de una ofensiva de los Packers que ya funcionaba a niveles altos.
Como muchas personas sugirieron en aquel tiempo (incluyendo este servidor), Rodgers obtuvo la mejor parte del negocio. Y también el Pack. La especulación ahora sobre cómo hubieran funcionado las cosas de haberse ido Rodgers en el Nº 1, y por lo tanto quedar sentenciado a una vida de disfuncionalidad con los 49ers, está fuera de discusión. No hay marcha atrás.
Ciertamente no hay modo de predecir que Smith hubiera podido disfrutar de la clase de carrera que Rodgers está gozando, porque solamente Rodgers y los Packers han creado eso. Rodgers se ha ganado todos los cumplidos. Sin importar lo que se piense de Favre en este momento, la verdad es que Rodgers debió seguir a una leyenda en Lambeau Field.











