Sufre para vencer a Nicolás

París * EFE. El español Rafael Nadal, número dos del mundo, se impuso en un partido agónico a su compatriota Nicolás Almagro, en el Másters 1000 de Bercy, donde acabó venciendo por 3-6, 7-6 (2) y 7-5, después de más de tres horas de juego.

El mallorquín, que no estuvo brillante, acabó beneficiándose de los fallos de su rival y de sus problemas físicos, unos tirones que le mermaron en la recta final del encuentro y que le impidieron oponer resistencia.



Resultado engañoso

Dominó el partido Almagro frente a un Nadal fuera de forma, falto de ritmo, lejos del juego agresivo que le caracteriza.

La falta de partidos se notó en Nadal, que estuvo a merced de un Almagro que parecía tener todo a su favor. Fue el mallorquín el que dominó el encuentro, marcaba el ritmo. Asentado en un saque magnífico, con frecuencia por encima de los 200 kilómetros por hora, Almagro tenía el encuentro en su mano.

Ganó de forma cristalina el primer set, haciéndose con el servicio de Nadal en el sexto juego y guardando su saque con calma. Era el primer set que le ganaba.

Comenzó también dominando la segunda manga, pero Nadal se aferró al partido, sin hacer un gran tenis. Almagro no estuvo fino en los puntos clave y eso se notó en el duodécimo juego, cuando servía para ganar. Entonces tuvo el partido en su mano, tan cerca que sólo tenía que atraparlo. Con un 40-0 a favor, el público comenzaba a mascar la despedida del número dos.

Pero Nadal se rehizo. Remontó las tres bolas de partido. Cedió otras dos más, pero también las rescató. Se aferró a su suerte, la del campeón. Y acabó por arrebatar el saque a Almagro.

Cedió su saque de entrada en la manga definitiva y, aunque lo recuperó en la siguiente, el partido andaba sin rumbo. Ninguno de los dos estaba bien. Dejaban escapar con claridad su servicio y multiplicaban los fallos.



Desgaste físico

En el séptimo juego, cuando se acercaban a las tres horas de juego, comenzó a sentir calambres en su muslo derecho. El Bercy retuvo la respiración. El público se divertía y no quería que el festival acabara.

Su gesto de dolor sentado en la silla mientras lo trataba el fisioterapeuta, hacía presagiar lo peor.

Resignado, cedió su servicio (4-5) y ya no ganó ningún juego en el partido.

Y cayó cuando el reloj marcaba tres horas y cuarto. Almagro se fue ovacionado, con gestos de dolor, de decepción, de tristeza. Nunca tuvo tan cerca el triunfo ante Nadal. Pasará tiempo hasta que olvide el partido.