Una trayectoria de tenacidad

"MdeR * CP. El 26 de enero de 1926 el general Plutarco Elías Calles hizo traer al profesor japonés Nabutaka Sataka con el objetivo de introducir el arte marcial del jiu jitsu en México, bajo este marco histórico nació en la ciudad de Córdoba, Veracruz, Daniel F. Hernández, el hombre que creyó en este arte como una filosofía de vida y quien a pesar de no haberla introducido en nuestro país se dedicó de tiempo completo a cultivarla.

Conocida como la técnica de la suavidad, el jiu jitsu es el arte marcial raíz de otras disciplinas como el judo, hapkido, nippon kempo, aikido y karate do. Con más de dos mil años de existencia, esta lucha cuerpo a cuerpo tuvo sus inicios en Japón, pero el máximo impulsor en México de esta disciplina aprendió sus principios entre hortalizas, humedad y calor extremo.

""Mi abuelo tenía una hortaliza en Córdoba, donde trabajaban un sinfín de campesinos japoneses, él aprendió de ellos y le enseñó después a mi padre, quien a su vez me enseñó a mí hasta los siete años"", comentó el sensei Daniel F. Hernández, al tiempo que recordaba sus primeros movimientos de jiu jitsu.

Sin vislumbrar la importancia que los años le darían a su labor dentro de las artes marciales, en su adolescencia Daniel viajó a la Ciudad de México y tuvo la oportunidad de practicar lucha olímpica en la preparatoria, época en la que se ganó el sobrenombre de ""El Luchador"".

""Yo me peleaba a base de movimientos de jiu jitsu y por eso me apodaron El Luchador (...) y pues yo seguí con la cuestión de la lucha olímpica hasta que tuve la oportunidad de que un brasileño y un cubano me invitaran a su gimnasio y fue ahí donde logré aprender todos los principios del jiu jitsu y el judo. Pero fue en 1945 cuando un alumno de estos profesores me vendió su gimnasio y ahí empezó la enseñanza del judo (antes que del jiu jitsu)"", comentó en entrevista el ahora veterano profesor.

Daniel F. Hernández, único mexicano en ser noveno dan en jiu jitsu y octavo dan en judo, recuerda que en aquella época estaba de moda la actividad generada dentro de la Arena Coliseo (box y lucha), por lo que la población en general no estaba interesada en técnicas de defensa personal sino en proyecciones y tirarse simulando luchar, situación que permitió que el judo cobrara mucha fuerza y empezara a difundirse a tal grado que esto le permitió fundar la cadena de ""Estudios Hernández"", que actualmente cuenta con más de 30 escuelas en toda la República Mexicana.

""Trabajo constantemente con los alumnos, he logrado enseñar a cientos de ellos, ahorita tengo tres cinturones negros que voy a graduar de profesores de segundo dan (...) en promedio he formado yo creo que más de 100 maestros"", mencionó el profesor, quien asegura que su mayor orgullo es ""haber sido mentor de todos los mejores profesores de México"".

Sin embargo, su trabajo en la enseñanza no ha sido la única razón por la cual hoy es considerado como el ""padre de las artes marciales"", la actitud de difusión de estas disciplinas mostrada a lo largo de más de 60 años le dio este honor.

""El reconocerme como padre de las artes marciales en México es muy difícil (...) no recuerdo la primera vez que me llamaron así, alguna vez alguien me dijo 'es usted el padre de las artes marciales', pero no lo tomé muy en cuenta. Y después empezó a tomar fuerza y ahora, cuando me dicen así, les digo que es por viejito"", señaló entre risas el actual presidente de la Federación Mexicana de Jiu Jitsu.

A sus 84 años, el maestro, a pesar de padecer un sinfín de enfermedades como principios de parkinson, diabetes, varices, continúa practicando el judo y el jiu jitsu, incluso aún imparte clases y ha llegado a entrenar de forma activa con alguno de sus actuales alumnos.

""A veces me meto a trabajar un poco con los alumnos y les digo que le entren duro pues lo hacen con cierta calma, pero yo les insisto y hasta los tiro"", comentó, aunque admite que con sus alumnos que llegan a pesar 120 kilos ya no los carga por ser considerados una ""monstruosidad"".

El sensei Daniel F. Hernández inició en las artes marciales por una tradición familiar: recibió el conocimiento que llegó de un padre a su hijo, y más tarde viajó de este hijo a otro hijo que finalmente también se lo mostró a su hijo. Sin embargo, esto no ocurrió en su caso, como él mismo explica:

""Tengo cinco hijas, puras mujeres ni un hombre para enseñarle (...) es un deporte muy violento para las mujeres, les traté de enseñar pero cuando llegó el novio lo dejaron de practicar. También traté de enseñarle a mis nietos pero uno se lastimó y mis hijas se pusieron de acuerdo para que mejor no continuaran"", mencionó, al asegurar que nunca forzará a ningún miembro de su familia a que sigan sus pasos ya que la satisfacción de haber dejado huella en otras personas es más que suficiente para que continúe la tradición.

""Creo que es más hermoso dar que recibir, porque dar nos brinda una satisfacción y recibir nos deja una deuda (...) yo creo que Dios me puso en este camino. Yo hubiera sido abogado, entré a la facultad de leyes pero por cuestiones de recursos tuve que dejar de estudiar (...) entonces soy un abogado frustrado"", dijo riendo, pero aseguró que conforme a sus capacidades, ha tratado siempre de defender al que tiene la razón por lo que más bien podría definirse como un ""abogado de la vida"".

El padre de las artes marciales en México ha sido un hombre de gran espíritu, de mente sana y de una entrega digna de respeto y de amor.

""Hay quien me dice papá y hasta me besan la mejilla (...) yo siento mucha satisfacción que me digan así, porque el que sin ser padre lo consideren a uno como tal y ver que me quieren más que a su propio padre, es muy hermoso"", externó el maestro con el asomo emotivo de lágrimas en el rostro.

En una buena anécdota, Hernándes debutó en televisión (Canal 4) en 1951 con un programa que se transmitía tres veces por semana y que duró aproximadamente dos años al aire, por ello es considerado como uno de los pioneros del medio; en dichas emisiones se promocionaban las artes marciales.

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