200 años taconeando

"Temeroso de que su mujer lo comprometiera, decidió encerrarla bajo llave. Sin embargo, la tarde del 13 de septiembre, Josefa Ortiz, taconeando tres veces desde el cuarto en que estaba encerrada, transmitió una señal de peligro acordada con su vecino del entresuelo. Doña Josefa, como todas las heroínas anónimas de la Independencia y la Revolución de México, tuvo que luchar con un enemigo en casa, que es el lado oscuro de los propios próceres (el rapto, el abandono, la infidelidad y el prejuicio).

La historia sustenta cómo muchas de estas heroínas se convirtieron en cocineras, compañeras, esposas, concubinas y madres de hijos ilegítimos de los que peleaban en el frente de batalla. Tal fue el caso de Brígida Almonte, con la que José María Morelos concibió a Juan Nepomuceno Almonte (que años después fue promotor de la llegada a México de Maximiliano), y las muy conocidas 29 esposas del Centauro del Norte, Francisco Villa.

Si bien lucharon en la Independencia; cien años después, las mujeres de la Revolución de 1910 todavía eran consideradas seres inferiores, a las que no se les permitía sufragar en una elección. Pelearon por una justicia que siempre les fue ajena y desconocida. Eran perseguidas y acosadas por instituciones inquisitorias que las intimidaban, que tutelaban sus derechos y las dejaban sin la libertad de elegir y decidir sobre su cuerpo, su vida y sus ideas. Por lo que la lucha de las mujeres continúo por varias décadas más.

Hace 57 años que logramos el derecho al voto; no obstante, la incorporación a posiciones de poder ha sido lenta y escasa, en comparación con el resto de América Latina. Sólo cinco mujeres han gobernado una entidad federativa, las mujeres ocupan menos del 5 por ciento de las presidencias municipales, 20 por ciento de los puestos del Poder Judicial y dos de las 19 secretarías de estados. Para colmo, hace un año contemplamos el fenómeno denominado ""las juanitas"", mujeres que renuncian a sus espacios en la Cámara de Diputados para cederlos a los hombres suplentes.

Con el paso del tiempo, los rasgos demográficos de las mexicanas han variado; somos mayoritariamente urbanas y adultas jóvenes. Las tasas de fecundidad han pasado de un promedio de más de siete hijos por mujer en edad fértil, a unos tres hijos cuando se inician los noventa. Ha crecido el número de mujeres que participan en el mercado laboral; con todo, aún ocho de cada cien mujeres no saben leer ni escribir, cuando en el caso de los hombres la proporción es de cinco a cien. El porcentaje se dispara en algunos estados del país, siendo el más grave el de Chiapas, donde 21.8 por ciento de las mujeres son analfabetas, casi el doble en comparación con los hombres.

Un aspecto doliente a destacar es la violencia entre parejas: 43 de cada cien mujeres de más de 15 años han vivido situaciones de violencia emocional, económica, física o sexual con su actual pareja o en su última relación. Doscientos años de lucha y aún estamos conviviendo con hombres misóginos, retrógradas y machos que menoscaban los avances de la mujer. Se siente actual lo escrito por Josefa Ortiz, entusiasta partidaria de la Independencia, al ser encerrada por consejo del canónigo José Mario Beristáin a su esposo. Escribía en febrero de 1814: ""Me juzgo inocente sin ninguna culpa"".

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