El Programa de Cultura Comunitaria, que dentro de unos días comenzará a operar en 720 municipios del país, es la punta de lanza de la política que desarrollará la Secretaría de Cultura federal durante el presente sexenio.
Su principal acierto, en opinión de la subsecretaria de Diversidad Cultural, Natalia Toledo (Juchitán, 1967), es que se trata de un proyecto que “va a llegar adonde nadie ha ido, donde hay lodo, donde hay dos o tres casas. Es una iniciativa maravillosa que va a trabajar con las comunidades más vulneradas, las cuales, lamentablemente, existen en todo México”.
En entrevista con La Jornada, la poeta explica que el programa está a cargo de Esther Hernández, directora de Vinculación Cultural, quien se encuentra “trabajando muchísimo, con un equipo de jóvenes con los que está armando el paquete en el no van a llegar a decir: ‘Miren lo que les trajimos, nosotros ya escogimos lo que van a ver y escuchar’. No. Primero hicieron un diagnóstico y un mapeo, como lo llama ella, para conocer qué hay en los lugares, sobre todo en las comunidades indígenas donde existe ya una forma de pensar y de hacer las cosas que generan cultura; tenemos que aprender de ellos”.
A Natalia la entusiasma el Programa de Cultura Comunitaria porque se realizará en poblaciones que padecen problemas como feminicidios, migración o violencia, reitera, convencida de que “la cultura cura el alma, produce experiencias importantes para la formación de un ser humano. Por eso, con este proyecto se va a reforzar y respetar lo que ya existe. Habrá cine y conciertos, pero con la participación de los semilleros y colectivos locales.
“Es cierto que en las comunidades hay carencias materiales, pero también fortalezas, producto del hambre de saber. Como ejemplo, les compartí mi experiencia en el Istmo de Tehuantepec, donde debido a los sismos de 2017 nacieron muchos colectivos que en la actualidad se mantienen por sí solos.
“Se formaron porque se cayeron las casas, las escuelas, las iglesias. En Juchitán, hasta el mercado y el palacio municipal. Nos quedamos sin nada. Fue muy grande la desgracia. Los colectivos nos mantuvieron entretenidos y sanos porque la violencia de la naturaleza que sufrimos de alguna manera se tiene que sacar. Comenzamos a trabajar con los niños, para quienes inventamos pequeñas bibliotecas.
“Hoy se siguen haciendo talleres, las comunidades propusieron sus programas educativos y ahí siguen yendo los pequeños, porque no todas las escuelas se han reconstruido, hay quienes siguen estudiando bajo lonas.
“Esas carencias existen en todo el país, que es muy grande; cuando lo recorres te das cuenta de que no hay programa que alcance, somos millones y millones de personas; entonces no se trata sólo de llevar libros, pues si no comes bien, ¿cómo vas a concentrarte para leer o estudiar?”
Respecto del presupuesto, Toledo señala que muchas de las personas que se harán cargo de los proyectos federales de cultura están acostumbrados a trabajar desde la austeridad, por lo que no le preocupa la disminución de recursos.
“El dinero con el que cuenta la secretaría va a alcanzar para todo perfectamente”, insiste, “es una cuestión de imaginación, hay muchas maneras de hacer las cosas. Se nos olvida que los recursos vienen del pueblo y a él es a quien le tenemos que rendir cuentas, por eso la primera medida fue no gastar en cosas superfluas”.
La subsecretaria de Diversidad Cultural detalla que tiene a su cargo, sobre todo, “ver que las cosas se hagan bien, que lo que me presenten los directores de área, o los titulares del Instituto Nacional de Antropología e Historia o del Instituto Nacional de Estudios Históricos y de las Revoluciones de México, se realice.
“Pero también estoy para sugerir cosas y para trabajar lado a lado con la secretaria Alejandra Frausto, con quien todo el tiempo estoy en reuniones porque escuchamos a todo mundo; es un mandato del presidente: nos ha dicho que nos debemos a las personas y tenemos que escucharlas, atender sus necesidades en las áreas que estemos”.












