La noche del 31 de agosto de 1997, ninguna cámara de tráfico del centro de París funcionó. El traslado al hospital de Diana de Gales, herida tras el accidente en el túnel bajo el Puente del Alma, se prolongó durante 45 minutos, cuando en condiciones normales el recorrido se realiza en siete.
Ni siquiera la llevaron al centro sanitario más cercano al lugar del siniestro. Tampoco se le practicó autopsia alguna, sino que se embalsamó su cuerpo para supuestamente ser incinerado después, algo excepcional cuando se trata de un accidente. Este y otros detalles, recogidos en un libro que solo verá la luz en España, ponen en duda las circunstancias accidentales de la muerte de la “princesa del pueblo”. Desmontan, una a una, las hipótesis con las que se cerró una investigación que al día de hoy sigue despertando suspicacias.
La escritora, Concha Calleja, ha investigado y recopilado una valiosa documentación en la obra Diana. Réquiem por una mentira. La autora ha entrevistado, entre otros, al propio Mohamed, padre de Dodi Al Fayed, quien invirtió más de tres millones de libras para tratar de descubrir la verdad. “Si me pasa algo a mí, puedes estar seguro de que el príncipe Felipe, ayudado por la inteligencia británica, es el culpable”, le habría dicho Diana al empresario.
La princesa temía por su seguridad. En una ocasión, acudió a un abogado porque detectó que los frenos de su coche no funcionaban. Llegó a escribir una carta de su puño y letra en la que relataba este episodio. “Mi marido está planeando ‘un accidente’ con mi coche. Una avería en los frenos y graves heridas en la cabeza, para así dejar el camino libre”, escribió Lady Di.
Mohamed Al Fayed, dueño de los almacenes Harrod’s, se atreve a apuntar directamente a una persona: “Los asesinó el duque de Edimburgo. Es un auténtico nazi”. Por su parte la autora se apoya en documentos como el testamento de la propia Lady Di y en las declaraciones de algunas de las personas que formaron parte de la investigación.
Ha podido deducir, entre otras cosas, que el cuerpo de Lady Di no reposa, como se creía hasta ahora, en el mausoleo que construyó su hermano en Althorp y cuya entrada tiene un elevado costo. En realidad, sus restos descansarían en la cripta de la iglesia de Santa María la Virgen, aunque los vecinos de la zona guardan silencio acerca de estos nuevos datos.












