Un movimiento de cola, una mirada o simplemente sentirlos cerca basta para entender por qué los perros forman parte de la vida y la compañía de millones de personas.
Pero ese vínculo puede ir mucho más lejos e incluso salvar vidas, porque a veces saber que alguien espera del otro lado de la puerta basta para encontrar una razón para seguir.
Montaje
Esa relación entre una persona y su mascota está en el centro de Django, con la soga al cuello, obra de Por Piedad Teatro que aborda la depresión a través de un personaje decidido a suicidarse, hasta que un perro se cruza en su camino.
“Es una batalla en la cual no hay que bajar la guardia. Hay que estar atentos porque la persona puede estar deprimida y no pedir ayuda, o tener dificultades para expresarse. Si observamos, es posible ayudar”, explica el director Antonio Vega.
En la historia, un dramaturgo intenta escribir un relato feliz, pero Django, su protagonista, está decidido a suicidarse. Pero la llegada de un perro cambia el rumbo de la narración y la convierte también en una aventura western.
La historia se construye con títeres de mesa, sombras, objetos y escenografías en miniatura, captados por seis teléfonos celulares que funcionan como cámaras. Las imágenes se editan en tiempo real y se proyectan en una pantalla, por lo que el público puede ver al mismo tiempo cómo se crea cada escena y su resultado.












