"El Mundial de futbol en Sudáfrica nos da la oportunidad de descubrir un continente que posee una enorme variedad literaria, que cuenta con dos premios Nóbel: Coetzee y Gordimer.
Nadine Gordimer, autora de novelas, premio Nóbel de literatura 1991, nació en 1923 en una Sudáfrica donde negros y blancos sólo se reunían en relaciones de servidumbre. Siendo hija de familia judía, blanca, de clase media, se ubicaba del lado de los privilegiados. Recordemos que en 1948 esta segregación tomó forma legal con el apartheid. Pero ella luchó contra ese privilegio.
El apartheid era el único sistema de gobierno del mundo sobre el que había consenso casi absoluto durante la guerra fría. EU, la Unión Soviética, sus aliados y satélites concurrían con la declaración de la ONU que definía lo que estaba ocurriendo en Sudáfrica como ""un crimen contra la humanidad"".
En una entrevista publicada en 2007, Gordimer responde a la pregunta ¿Todavía queda espacio para los ideales?: ""Fijémonos en los aspectos positivos. Para hacerlo, debemos remontarnos a otras revoluciones, a la francesa, a 1848 o 1917. Hay terribles decepciones. Pero algunas ideas, algunos cambios de cada revolución, han perdurado para transformar el mundo: los derechos de los trabajadores y las mujeres se han ampliado en cierta medida, pero a expensas de un sufrimiento tremendo.
""Mucha gente de mi generación seguía creyendo que la gran esperanza para un mundo justo realmente era el comunismo o el socialismo. Hemos visto cómo fracasaba de forma estrepitosa. ¡Pero hemos visto cómo fracasa el capitalismo a diario con tanta pobreza y desigualdad!
En los países en vías de desarrollo, esto es desastroso. En Sudáfrica ha llevado a algunas de nuestras personalidades más destacadas, que eran héroes de la liberación, a ponerse en ridículo. ¡En cuanto alcanzan una posición importante se vuelven corruptos!"".
Y continúa con otra respuesta: ""Se producen toda clase de encuentros entre naciones y estados para cambiar el orden desigual del mundo. Surgen ideas muy buenas; se discuten y se reducen a la que parece ser la única posibilidad realista para ponerlas en práctica. Pero siempre falta algo: capacidad. Pongamos el sencillo ejemplo del control de la malaria. Hace un par de años asistí al Foro Económico Mundial de Davos. Cuando salió el tema de la malaria, una actriz famosa, Sharon Stone, se levantó y dijo que donaría 'equis' cientos de miles de dólares para comprar mosquiteros. Me entraron ganas de decirle: '¿Ha visto cómo vive la gente? Ni siquiera tienen una cama en la qué colocar la red'. Recuerdo cuando Bill Gates donó ordenadores a África. En aquel entonces, yo estaba en Tombuctú, en un centro comunitario local que iba a recibir algunos de esos ordenadores. ¡Pero, como es lógico, tampoco tenían un generador para la electricidad!"".
Nadine Gordimer, ha dicho que el día más orgulloso de su vida no fue cuando ganó el Premio Nóbel de Literatura en 1991; fue cuando testificó en un juicio por traición de 1986 en nombre de 22 activistas antiapartheid sudafricano. Le duele y combate las desventajas sociales que aún padecen quienes fueron largamente segregados y oprimidos; se preocupa por erradicar la nefasta herencia que dejó el apartheid en comunidades donde prevalece la xenofobia, y en otro orden, quisiera ver una África donde no exista la intromisión de los intereses imperiales y de las antiguas metrópolis.
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