Aires libertarios de la trova cubana|

"Verónica Huesca * CP. Recuerdo cuando escuché la música de trova, tenía tan sólo 13 anos, pero en cuanto escuché los acordes de una melodía con palabras que no lograba entender del todo, porque parecía carecer de toda rima y estructura, en comparación con el resto de las canciones que se escuchan en la radio, llamó mi atención y me envolvió.

Eran canciones de rebeldía contra el orden y normas establecidas, la explotación de valores perdidos, de las heridas no cicatrizadas y el dolor de una minoría que encontraba en esos acordes, un espacio al cual darle voz para manifestarse.

La nueva trova cubana, canción de protesta o canto nuevo como se le llama, surge cuando todavía hay secuelas de la revolución cubana, la isla está demostrando que se pueden eliminar los matices de colonialismo e imperialismo.

El canto nuevo se basa en este principio y rescata los sones cubanos, el lamento campesino, las guajiras, mezcladas con la propaganda castrense, factores que influyen en autores como Silvio Rodríguez, Chico Buarque, Violeta Parra, Mercedes Sosa, Fernando Delgadillo y Pablo Milanés, quien igual interpreta temas de amor como ""Yolanda"" hasta otros en contra del imperialismo yanqui como ""Háblame de Colores"", porque en la trova, lo revolucionario y romántico van de la mano.

La trova retoma los movimientos libertarios, proponiendo una diversificación de mentalidades, es una propuesta alternativa por estar al margen del pensamiento colonial, enfrentándose a la censura.

Hace algunos anos, la trova alcanzó plataformas a las que el público podía tener un mayor y fácil acceso, parecía que la propuesta alternativa dejaría de serlo, se estaba legitimizando un canto nuevo. Los jóvenes igual cantaban un tema pop, y luego uno de la autoría de Delgadillo.

Actualmente habría que dudarse de una trova producida por autores contemporáneos como Ricardo Arjona, quien se calificó como el 'nuevo Pablo Milanés', quien ni musical ni líricamente lo es, al querer inculcar un pensamiento intelectual de izquierda de lo que es políticamente correcto; pero el canto de protesta va más allá, es lo opuesto, propone el deseo de la desobediencia por el bien de la condición humana. El proceso de legitimización por un afán comercial parece desvanecerse; la trova ha regresado a ser escuchada como la música folclórica que es, a ese rinconcito acogedor donde las minorías encuentran su lugar, su voz y su identificación singular y colectiva. La trova sigue siendo una propuesta alternativa, una protesta que no acabará mientras haya algo contra qué inconformarse.

"