Verónica Huesca * CP. La vida otorga muchas oportunidades para ser infeliz y dentro de esa infelicidad el ser humano inventa formas de desahogar sus penas. Así es como hay vidas que se ahogan en una botella de melancolía, que se extingue en una esquina de tristeza o se exhalan en una humareda de pesadez. Si a tales momentos de desaliento, se le agrega un pasado de discriminación, una guitarra que desafina cada tercera, quinta y séptima nota y una voz formada en los lugares más bajos de cualquier ciudad se obtiene como resultado el blues, el mejor invento para saborear esa tristeza.
El blues es una forma de expresión musical y gran parte de su magia reside en la complicidad del intérprete con su instrumento, ya sea su guitarra, su saxofón o su voz, complicidad de la cual nos hace sentir que formamos parte de cada canción, pues quien no ha sufrido una pena, un desaliento o una desolación.
Producto de los cantos de esclavos negros norteamericanos de finales del siglo XIX, el blues une a todo el sur de ese país, sus pesadas cadenas de hierro se transforman con el tiempo, y el cantante de blues empieza a proclamar su decepción en el amor, el trabajo, la familia, el dinero y los vicios.
Es difícil mencionar a todos los que han formado parte en el desarrollo de este género, intérpretes que inspiran a los corazones a navegar en la azul vereda de las notas y perderse en la solitaria companía de un hombre y sus pesares.
Tal es el caso de Billie Holiday, una cantante de Baltimore. Es en NY a partir de la década de los anos treinta, en donde la discriminación racial no le impedía mostrar su lamento en canto. 'Lady Day' como la nombraron, encontró la redención en la música y el refugio en las drogas y el alcohol, lo que agrega un amargo, pero sublime tono a sus interpretaciones.
En la misma década crece en Mississippi, una semilla negra bautizado como 'Blues Boy' y pasó a la historia como B. B. King. Luego vendría Ray Charles, Ella Fitzgerald, Tracy Chapman, entre otros.
El blues no nos ensena que las penas existen, sino que se pueden compartir y acompanar con la música. El blues le pone nombre a ese sentimiento, y ese sentimiento le pone letra al blues.











