Amor. Boda. Azar

Amor. Boda. Azar

Esta película demostró que Netflix era capaz de congregar a los fans nostálgicos del género y a los nuevos espectadores con historias que aportan algo de aire fresco a las convenciones típicas y a los roles tradicionales. No podemos decir que Amor. Boda. Azar logre lo mismo, ni mucho menos, pero ¿quiénes somos nosotros para decirte que renuncies a pasar un buen rato?

Se trata de una comedia romántica de Netflix que se coló durante varios días en el top de lo más visto de la plataforma. Y aborda uno de los grandes terrores a los que nos enfrentamos año a año: la temporada de bodas.

Amor. Boda. Azar nos traslada a la boda de Hayley, una joven británica que se casa en Italia con su novio, Roberto, pero lo vemos todo a través de los ojos de Jack (Sam Caflin, de Los Juegos del Hambre y Yo antes de ti), el hermano de la novia. A la tensión del momento y los preparativos, se une la expectativa de Jack al reencontrarse con Dina (Olivia Munn, de The newsroom), una periodista estadounidense de la que estuvo enamorado un par de años atrás.

Pero no es esta historia la única que importa, porque la cinta tiene un planteamiento muy coral. Marc, el exnovio de Hayley, llega sin invitación dispuesto a cargarse el banquete. Bryan, la “dama” de honor, intentará aprovechar la celebración para acercarse a un famoso director de cine para que le dé algún papel. Amanda (Freida Pinto), la exnovia de Jack, llega con su nueva pareja, con la que no se lleva precisamente bien. Puede pasar cualquier cosa, y de eso se sirve la película.

Protagonistas

Amor. Boda. Azar, escrita y dirigida por Dean Craig (Un funeral de muerte, Una boda de muerte), tiene entre sus referencias incuestionables comedias románticas británicas como Cuatro bodas y un funeral y Love actually, sobre todo en su enfoque coral y centrado en celebraciones, e incluso Una cuestión de tiempo, por sus juegos narrativos.

Lo mejor de la película son sin duda Sam Caflin y Olivia Munn, que, a pesar de compartir pocos minutos en pantalla, destilan la química clave en este género. Por desgracia, es casi lo único bueno que podemos decir. Amor. Boda. Azar podría haber sido todo un acierto, en especial por su acercamiento a la casualidad, con un cambio en el último acto que, de haberse producido antes (tranquilo, no haremos spoilers, ya lo verás), podría haber tenido un interesante efecto en el público.

No obstante, para cuando sucede, el espectador ya está demasiado metido en la historia, y la media hora final es una cuesta hacia arriba interminable. Además, los enredos y los alivios cómicos no terminan de encajar, en parte porque el resto de actores no son conocidos ni están muy experimentados

Un giro agradecido

Por el camino sí que surge algún secundario que puede llamar la atención del espectador, pero más en función de cómo puede verse reflejado parcialmente en lo que nos muestra la película o de lo ridículo que le resulte. Por ejemplo, el invitado con habilidades sociales escasas que se presenta con un kilt sin ser escocés, quizá por ser el personaje en el que percibí un poco de verdad. No es que el tratamiento del mismo sea gran cosa, pero tampoco lo arruinan con excesos innecesarios.

Eso sí, cuando uno está a punto de tirar la toalla llega un giro que ya se nos había adelantado previamente en cierta medida para dar ofrecer un enfoque —literalmente— diferente a lo que acabamos de ver. De esta forma, los personajes se enriquecen ligeramente y el peso de sus acciones tiene algo más de amplitud dramática. Sigue sin hacer despegar la película, pero sí ayuda a que uno siga adelante con algo de curiosidad en lugar de limitarse a hacer “de tripas corazón”.