Me gustaría morir en primavera
en un amanecer con cánticos
de pájaros que anuncien
el despertar de un día
con sol y despejado.
Me gustaría morirme
un día tranquilo y caluroso,
donde el cupular de especies
reafirmen su existencia en el planeta.
Me gustaría morir con la sonrisa
que da por vez primera
la satisfacción del triunfo conquistado
sin vivir nunca más de los recuerdos.
Me gustaría morirme como un sueño
y en mi último suspiro,
pensar en la bondad de mis amores
que derramaron su dulzor contigo.
Me gustaría morirme con los trinos
de esas aves cantoras de mi infancia
y arrullado en el lecho de la aurora
caminar el silencio de la muerte.
Me gustaría morirme sin ser noticia,
solitario, con los míos, en secreto,
y quedar olvidado en mi sepulcro
en aras de un amor que se quedó en el tiempo.
Me enamoré de la vida
Me enamoré de la vida
en las puertas de la muerte,
en las entrañas del dolor,
en el inframundo de la enfermedad.
Me enamoré de la vida
en el extremo exacto de ella,
cuando platicas con tus muertos
cuando te falta la mitad del alma,
cuando tocas muros de esta tierra.
Me enamoré de la vida
cuando nunca me había fijado en ella,
cuando jamás reflexioné su valor,
cuando nunca abracé su existencia.
Me enamoré de la vida
cuando la muerte sin paciencia
me llamaba con ansiedad
para darme el abrazo final.











