Anima el Óscar sin límite de edad

Anima el Óscar sin límite de edad

Nidia Santiago coincide con el tapatío Guillermo del Toro en que la animación no debe ser solo para niños. Y por ello, desde Francia, donde hace 15 años montó su casa productora, ha impulsado historias con ese objetivo.

Justo está a las puertas del Óscar con una cinta de ese tipo: Amélie y los secretos de la lluvia, que hasta ahora contabiliza casi 100 mil espectadores en salas mexicanas. Es una adaptación de la novela Metafísica de los tubos, sobre una pequeña de tres años que descubre que en la vida no todo es eterno ni bonito, al experimentar la muerte de su abuela, la primera persona que la entendió y respetó.

Al principio del filme, la niña se cree una especie de Dios, pero conforme avanza la historia y por todos los momentos que pasa, va entendiendo que es un ser humano común y corriente. “Uno de los directores había leído el cuento y dicho que lo había marcado para toda su vida. Leímos juntos el libro y, aunque es corto, es complejo porque Amelie tiene muchas preguntas sobre la vida y era ver su punto de vista”, recuerda Santiago.

La animación para adultos está dirigida a adolescentes y mayores, se caracteriza por humor negro, temas filosóficos e incluso escenas de violencia o contenido más crudo. Y justo eso ha sido un incentivo en la carrera de Nidia. “Seguimos luchando para difundir películas que no son específicamente para niños, que pueden tener una doble lectura para los adultos. Mi generación creció con eso, con historias que nos decían algo así, y creo es también sociológico, lo que tratamos de convencer es a los distribuidores, a los cines, de que interesan al público”, dice desde el país europeo, vía Zoom.

Desde la raíz

Su mamá, pintora profesional, tuvo que ver en su percepción. Nacida en la capital oaxaqueña, era llevada continuamente, junto con su hermana, a funciones matutinas de cortometrajes que tocaban todos los temas. “Cuando estudié cine dije ‘sí, me gusta, pero a través de la animación’, fueron las bases de mi infancia”, asegura.

La productora llegó a Francia, junto con su familia, recién cumplidos 18 años. Entró casi de inmediato a la universidad y, cuando salió, trabajó en dos compañías, pero buscando hacer sus propios proyectos. Y por ser mujer, más que por su extranjería, encontró barreras. “Yo no quería que mi trabajo fuera minimizado y tenía que construir mi forma para hacer las películas que yo quería”, recuerda.

Así creó Ikki Films en 2011, al frente de la cual ha producido las animaciones como Negative Space, trabajo en stop motion galardonado con el Premio Fipresci en el Festival de Annecy y nominado al Óscar; L’amour en plan, corto sobre una pareja que ya no se hace caso, nominado en el mismo certamen; y Granny’s sexual life, desde cuyo título se sabe la trama, triunfador en los European Awards.

Ya tiene en cartera dos proyectos, uno de ellos Koloval, de la mexicana Karla Velázquez, a quien conoció hace un par de años en Annecy. “Es la historia de una niña de unos 13 años que vive en un pueblito a quien otro le declara la guerra. Entonces, en este pueblo que hace tejidos, quieren casar a la niña para apaciguar el conflicto”, detalla.

Entre sus planes está abrir una oficina en México. Y sabe que su nombre puede servir de referencia a jóvenes que desean producir sus filmes. “La educación es cara y tarda tiempo, pero no solo crea talentos, sino que también da empleos y es una industria, no hay que desperdiciar eso”, opina.