Antropología de la comida

"Enrique Romero. Corresponsal Palenque * CP.

II Parte.

Al hablar de los hábitos alimenticios de los mayas, quienes se llamaban a sí mismos ""Hijos del Maíz"" y quienes en su libro sagrado, el ""Popol-Vuh"", narran que los dioses hicieron a los primeros hombres de la masa de maíces de diferentes colores, resulta ineludible subrayar la importancia que este grano y sus diversos productos (pinole, pozol, atole, tortillas y tamales) tuvieron en las mesas de los antiguos palencanos, igual que en el resto del mundo maya, como se vio en la primera entrega de la investigación que sobre el particular realizó el arqueólogo Roberto López Bravo.

La llegada de los conquistadores espanoles a Yucatán en el siglo XVI marcó el primer contacto entre los europeos y las costumbres culinarias de los mayas. Sus descripciones son ahora la principal fuente de información sobre el tema, pero no la única. Imágenes y textos que decoran vasijas cerámicas del Clásico maya, y restos de fauna consumida por las familias que vivieron en unidades residenciales, cuyos basureros han sido recuperados durante excavaciones arqueológicas, forman parte también de la llamada ""antropología de la comida"".

El investigador Roberto López Bravo usó datos recabados en Palenque como ejemplo de costumbres locales que variaban, como en nuestros días, dependiendo de la clase social a la que pertenecían los consumidores, para adentrarse en el conocimiento de lo que comían los antiguos palencanos, quienes además de los productos del maíz tenían un fuerte consumo de vegetales, verduras, raíces y, en menor medida, de carnes silvestres, sin olvidar refinamientos como el chocolate espumoso.

""Si bien el maíz fue el alimento básico de los antiguos mayas, algunos investigadores insisten en recordar la existencia de otras nutritivas plantas que también fueron utilizadas intensivamente, incluyendo árboles como el ramón, y raíces como la yuca y la malanga"", senala López Bravo, quien detalla que los pobladores mayas de El Cerén, El Salvador (una pequena aldea que, como Pompeya, fue cubierta por las cenizas de una explosión volcánica), sembraban pequenos huertos con hileras alternadas de yuca, malanga, chiles y plantas medicinales.

A lo anterior, el investigador agrega: ""El consumo de la yuca ha sido identificado en numerosos entierros, ya que ocasiona un desgaste identificable en la porción interna de los caninos e incisivos inferiores, como es el caso del entierro 82 en Piedras Negras, un adolescente miembro de la familia gobernante, que fue enterrado bajo la estructura K3"".



Chaya: la ""espinaca"" de los mayas

La chaya (chay en maya yucateco) es una planta muy apreciada por sus hojas comestibles, usadas desde la época de los antiguos mayas, según la ""Relación de las cosas de Yucatán"" de fray Diego de Landa, y es considerada ""una gran contribución de los mayas al mundo"". Y aunque el estudio de López Bravo no la menciona, es casi seguro que su consumo generalizado abarcaba a Palenque, pues desde entonces se sabía de su alto contenido nutrimental. Hay estudios actuales que aseguran que la chaya es más rica en hierro que la espinaca y es una poderosa fuente de calcio y potasio.

Crece muy fácilmente en esta zona, por lo que los modernos palencanos la incluyen en su dieta, muchos de ellos tal vez desconociendo como los palencanos antiguos, que mejora la circulación sanguínea, ayuda a la digestión, a la visión, desinflama las venas y hemorroides, baja el nivel de colesterol, ayuda a reducir el peso, previene la tos, aumenta el calcio en los huesos, descongestiona y desinfecta los pulmones, previene la anemia, mejora la memoria y las funciones del cerebro, y combate la artritis y la diabetes, de acuerdo con recientes estudios.



Pozol en la manana, carne en la noche

López Bravo detalla que las fuentes históricas coloniales, como los textos de Diego de Landa y Gaspar Antonio Xiu, mencionan la preparación y consumo de tres comidas al día: un desayuno al amanecer, un almuerzo al mediodía y una comida más abundante al final de la jornada. Las dos primeras comidas consistían en pozol acompanado por chiles, frijoles, vegetales o frutas, mientras que la comida al final del día tenía un valor proteínico más alto, incluyendo platillos con carne.

Además, asegura que ""la preparación del pozol era menos difícil que la preparación de guisos con carne"", y que ""esta última comida implicaba mayor esfuerzo y dedicación por parte de las mujeres, considerando que los animales eran procesados hasta obtener porciones pequenas que eran incorporados en salsas (kool) o incluidas al interior de tamales"".

Asimismo: ""El pozol era el alimento disponible y preferido por la mayor parte de la población. La preparación de platillos más sofisticados era posible para ocasiones especiales, como fiestas familiares, mientras que la elite disponía de métodos y recursos para prepararlos con mayor frecuencia, para ser consumidos durante la celebración de grandes convivios, y festividades religiosas"", apunta López Bravo. Los detalles de platillos y bebidas sofisticadas, así como del consumo de carnes exóticas, será tema a abordar en la siguiente entrega de este artículo.

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