México * El Universal. No huelen a libro. La piratería les arrebató a los textos su fragancia, esa que a los lectores los lleva a hacer una pausa en la lectura para de vez en cuando simplemente oler el libro que tienen entre sus manos. Tampoco son agradables a la vista, están impresos en hojas demasiado blancas que lastiman la pupila. La tinta de las portadas se escurre y mezcla con el sudor de las manos. Las letras marean, pues muchas veces el texto está inclinado o las letras encimadas. Simplemente no son agradables y mucho menos disfrutables; aun así, las cifras demuestran que la mitad de los libros que los mexicanos compran son piratas.
México es uno de los países de América Latina con mayor producción de libros piratas, con la mitad de los 20 millones de volúmenes que se venden al año, lo que significa una pérdida de mil 250 millones de pesos para la industria editorial (10%) y 110 millones de pesos en regalías, según informa el Consejo del Centro Mexicano de Protección y Fomento de los Derechos de Autor (Cempro).
Sin la oportunidad de hojearlos, los ofrecen envueltos en plástico y con precios entre el 20 y 50 por ciento menores que en las librerías. Así que cuando se retira el plástico la sorpresa es que están mal impresos, tienen hojas en blanco o se desencuadernan; no hay derecho a quejarse, ésa es la ley de la piratería.
Aunque no están todos. Los productores de libros piratas parecen copiar sólo las listas top de los más vendidos en las librerías mexicanas. Cada puesto de éstos es un buen punto de referencia para saber qué está leyendo la gente.
La Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana (Caniem) reporta que al menos dos de cada 10 libros que se ofrecen en el marcado mexicano son apócrifos o piratas. Aunque se ha intentado luchar contra el problema. En 2007, el Cempro decomisó cerca de un millón 200 mil libros piratas, pero sólo representan 3% del total de ediciones que circulan en todo el territorio nacional.
Una cifra que resulta pobre cuando la industria editorial mexicana se enfrenta a un comercio informal que aprovecha bajos costos en insumos, no paga derechos de autor, ni traductores, correctores de estilo o tipógrafos.











