Arqueología Mexicana celebra 30 años

En 1993, la primera edición de la revista Arqueología Mexicana dedicó sus páginas a diversas investigaciones alrededor de Teotihuacán, que en esa década tuvieron un importante avance debido al rápido crecimiento de los arqueólogos, que poco a poco comenzaron a tener más presencia en instituciones como la Escuela Nacional de Antropología e Historia y otras dedicadas a la enseñanza histórica y arqueológica.

En esa primera edición se consolidó la unión del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) con la Editorial Raíces, A. C., que desde hace 30 años (cumplidos en noviembre pasado) editan e imprimen Arqueología Mexicana, dedicada al público en general con lo más reciente en investigaciones y hallazgos arqueológicos.

El número uno de la revista incluyó un texto de la reconocida investigadora Alba Guadalupe Mastache, titulado “México Antiguo. Mundo enigmático y complejo”, en el que abordó la riqueza arqueológica que dejaron las culturas previas a la conquista española.

“México es la cuna de una de las civilizaciones más importantes del mundo. Desde hace 40 mil años se inició el largo camino de la civilización de nuestro continente, un proceso que comprende la aparición de cazadores, la domesticación de plantas y el surgimiento de culturas asombrosas que dejaron como muestra de su desarrollo las grandes ciudades del México antiguo”, escribió Mastache como introducción al número uno de la publicación.

Arqueología Mexicana tiene como objetivo la difusión del nuevo conocimiento arqueológico e histórico que los investigadores del INAH revelan día con día en los salvamentos y rescates arqueológicos, interpretación de códices, restauración de vestigios y otras labores que realiza el Instituto.

A pesar del avance de los medios digitales y la crisis en los medios impresos, la publicación ha sobrevivido y ha logrado vencer embates como el de la pandemia y la reducción en ventas, explicó Enrique Vela, arqueólogo y editor de la revista.

“Cuando nació la revista, en esa década se estaba discutiendo en el país qué tipo de arqueología estaban haciendo los arqueólogos, cómo darla a conocer, se necesitaba que las personas conocieran lo que se estaba haciendo, que vieran los resultados de forma accesible, así comenzó la revista”, explicó Vela.

Agregó que, desde los 70, las grandes obras de infraestructura permitieron que se hicieran más investigaciones arqueológicas, además de que el problema del robo, saqueo y comercio ilícito de bienes arqueológicos ya era un foco rojo para el INAH, por lo que era necesario un medio para informar a las personas el valor del patrimonio arqueológico.

Con la necesidad de una publicación dirigida al público en general, el INAH decidió aliarse con la Editorial Raíces, ya que casi todos los trabajos de divulgación que hacía el Instituto en ese momento eran libros y trabajos especializados, además del poco alcance en la distribución de los ejemplares.