Atavío de cabeza| penacho ancestral

"MdR. * CP. Tal vez jamás regrese a su lugar de procedencia y difícilmente se tenga la certeza de que fue utilizado por el tlatoani mexica o algún sacerdote, pero lo cierto es que el penacho de Moctezuma sí es un atavío de cabeza y no una capa como se propuso en un reciente estudio.

Según la doctora Carmen Aguilera del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), no se trata de un quetzalquémitl o capa de plumas preciosas, sino de un quetzalapanecáyotl, ""la quetzalidad de los apanaecas"", conforme el término náhuatl identificado por Zelia Nuttall a finales del siglo XIX.

Y por si fuera poco, representa un quetzal completo, con las alas extendidas; el cuerpo es la parte de las plumas más alta, al centro, con la cola hacia arriba y la cabeza que tenía un pico de oro que desapareció, hacia abajo, explicó la investigadora adscrita a la Biblioteca Nacional de Antropología e Historia del Instituto.

Su propuesta contrasta con la realizada por el ilustrador científico y ornitólogo Gerardo del Olmo Linares, quien usando una teoría del maestro Rafael Martín del Campo publicada en 1952 en su obra ""Arte plumaria e industria del hilado de plumas entre los aztecas"", apoya la tesis de que el penacho de Moctezuma es en realidad una capa de plumas preciosas.

El parecido más contundente se encuentra en el Códice Durán, el cual representa un danzante sacerdote que porta como casco la cabeza de un cánido, posiblemente un coyote; lleva adherida a la espalda lo que indiscutiblemente es un quetzalquémitl, y éste sí presenta la sección media más larga, al igual que el multicitado de Moctezuma, que tiene un pequeno remate de plumas azules para sujetarlo al cuello.

Si embargo, Carmen Aguilera, reconocida especialista en códices, precisó que su afirmación se basa igualmente en diversas representaciones que se hallan en este tipo de documentos pictográficos.

Como ornamento, el penacho apareció en el Altiplano Central en tiempos toltecas, siendo parte del atavío de Quetzalcóatl, su dios patrono, a manera de símbolo tanto de senorío como de guerra. Posteriormente, los mexicas adoptaron el quetzalapanecáyotl con toda esta carga emblemática.

Pasado el sitio a Tenochtitlán, los indígenas le ofrecen el quetzalapanecáuotl como los nuevos propietarios del imperio mexica. Estos no repararon en el plumaje y arrancaron las plumas, separaron el oro de los atavíos y luego los fundieron, concluyó la investigación de Carmen Aguilera.

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